
Cuentos en audio
El valor de los elefantes
En un lejano país de África, donde los animales viven libres en la naturaleza, pasó la historia que te voy a contar. Es una historia de amistad y de valor.
Aquel día hacía en África una tarde preciosa y calurosa. Brillaba el sol y no se veía ni una sola nube en todo el cielo. Soplaba una brisa suave y, bajo los árboles, descansaba una manada de elefantes. Casi todos eran adultos, pero entre ellos correteaban también algunos elefantitos. Uno era especialmente curioso y se alejaba a menudo del grupo. Primero le llamaba la atención una mariposa que revoloteaba por allí, y luego las lagartijas que tomaban el sol sobre las piedras calientes. El pequeño elefante andaba siempre de un lado para otro, jugando. Y no se dio cuenta de que, en la hierba cercana, lo acechaba un gran león.
Cuando el elefantito ya estaba bastante lejos de los mayores, el león se fue acercando despacio entre la hierba. Seguía al acecho, esperando a que el pequeño estuviera lo más lejos posible de su grupo. A que estuviera solo y pareciera indefenso. Entonces se atrevería con él. Mientras el elefantito intentaba arrancar una florecita con la trompa sin prestar atención, el león salió de la hierba y se fue arrastrando sigilosamente hacia él. El pequeño estaba tan metido en su juego que no tenía ni idea del peligro que se le acercaba.
En ese momento, uno de los elefantes mayores se dio cuenta. —¡Deprisa, rápido! Un león se acerca al pequeño. ¿Lo veis? Allí, detrás de la hierba. ¡Tenemos que ayudarlo! —Todos los elefantes miraron a la cría, que jugaba sin sospechar nada. Al ver al león tan cerca de ella, no lo dudaron y corrieron a ayudarla. Todos los elefantes mayores formaron un círculo alrededor del pequeño. De espaldas a él y de cara al león. Al elefantito ni se le veía. Los elefantes rodeaban a su pequeñín sin miedo. Estaban firmes y eran valientes, aunque sabían que el león también tenía mucha fuerza. Se quedaron allí sin moverse ni un poquito. Sin miedo y con valor, protegían a la cría de su manada.
El león fue dando vueltas despacio alrededor de los elefantes. Sabía que no podría llegar hasta el pequeño. Intentó asustarlos con un rugido, pero los elefantes no se asustaron. Eran más y estaban unidos. Y en eso estaba su fuerza. No necesitaban garras, ni dientes, ni rugir como el león. Les bastaba con ser más y estar juntos. El león sintió que había perdido. Al ver el valor de los elefantes y cuánto querían al pequeño, no se atrevió a hacer nada. Metió el rabo entre las patas y se marchó derrotado. ¡Los elefantes habían ganado! Cuando vieron que el león se iba, respiraron aliviados.
Sabían que habían estado en peligro. Pero su cariño, su amistad y su valor eran más grandes que cualquier otra cosa. El elefantito les dio las gracias a todos los que lo habían protegido. Y también prometió que tendría más cuidado y que no se alejaría tanto de su manada. Sabía que solo en medio de ella estaba a salvo.
Los elefantes son un ejemplo para nosotros. Aunque no saben pelearse y no tienen garras, son capaces de mostrar un valor enorme. Saben apoyarse unos a otros y son listos. Saben que se puede ganar incluso sin atacar.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos para preescolar Fábulas




¿Qué te pareció el cuento?