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El osito Bartolo y el tarrito de miel perdido – cuento para niños

Cuentos para dormir

El osito Bartolo y el tarrito de miel perdido

Adela V.17 de mayo de 20263 min de lecturapara preescolar

En un bosque precioso vivía un osito pequeño llamado Bartolo, al que le encantaba la miel. Un día salió a dar un paseo y, cuando volvió a casa, descubrió que su tarrito de miel había desaparecido. Bartolo se enfadó muchísimo y dijo: —¡Seguro que ha sido el zorro Pillo, ese granuja! ¡Seguro que me ha robado el tarrito de miel! —Y salió a buscarlo.

Mientras buscaba el tarrito perdido, el osito Bartolo se encontró con el conejito Orejitas. —Hola, Orejitas. ¿Me ayudas a encontrar mi tarrito de miel? Creo que me lo ha robado el zorro Pillo, y tengo mucha hambre. —¡Hola, Bartolo! Claro que te ayudo a buscarlo, pero ¿estás seguro de que te lo ha robado Pillo? ¿No te lo habrás dejado en algún sitio? —¡Seguro que no! —contestó Bartolo—. Siempre lo pongo en el mismo sitio, y hoy, al volver del paseo, ya no estaba.

Así que Bartolo y Orejitas recorrieron el bosque buscando por todas partes. Entre el musgo, entre los matorrales, detrás de los árboles. Pero del tarrito, ni rastro. Cuando ya se acercaba la noche y el sol empezaba a esconderse detrás de los árboles, el osito Bartolo se puso muy triste. Pero en ese momento oyó un ruido detrás de un árbol. —Orejitas, ¿has oído eso? —Sí, lo he oído —contestó Orejitas—. ¡Vamos a ver qué es! —Así que Bartolo y Orejitas se acercaron al árbol. Y allí vieron al zorro Pillo, durmiendo. —¡Pillo! ¡Devuélveme mi tarrito de miel! —gritó el osito, y lo despertó. —¡Pero si yo no me he llevado nada, te lo prometo! He pasado todo el día en casa de mi abuelita —dijo el zorro. Y como Pillo era un zorro bueno, se ofreció a ayudar a Bartolo a buscar el tarrito. Y así ya eran tres buscándolo.

Cuando se hizo de noche y el tarrito seguía sin aparecer, los animalitos decidieron volver a casa. Pero justo cuando se estaban despidiendo, Pillo dijo: —¡Anda, mira, Bartolo! ¡Si tienes el tarrito de miel en la ventana! —Y era verdad, allí estaba. —¡Ay, ya me acuerdo! Lo puse ahí para que no revolotearan las moscas por la casa, y se me olvidó por completo. —Así que Bartolo invitó a casa al conejito Orejitas y al zorro Pillo. —Venid, chicos, que ya es de noche y los tres tenemos hambre. ¡Vamos a comer miel juntos, que nos sentará de maravilla!

Y así fue. Los animalitos se comieron una miel riquísima y el osito Bartolo le pidió perdón al zorro como es debido. Y desde entonces aprendió la lección: nunca más acusó a ningún animalito de nada malo sin estar seguro de tener razón.

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