
Cuentos para dormir
El carbonero listo
Una vez, un carbonero fue al bosque a hacer carbón y se encontró con un oso y un jabalí. El oso le dijo al carbonero: —Querido carbonero, no hay nada que hacer: tengo hambre y te tengo que comer.
Y el carbonero le contestó: —Pues mira, oso, no me puedo defender. Yo estoy solo y vosotros sois dos. Pero llevo aquí mi comida. Déjame que coma por última vez.
El carbonero tenía pan y un chorizo. Se puso a comer y le tiró al oso también un trocito de chorizo. El oso lo atrapó con la boca y dijo: —¡Mmmmm! ¿Y dónde crecen estas especias tan ricaaaas?
El carbonero le dijo al oso: —Te lo diría, pero no puedo, ¡lo oiría el jabalí, tu amigo!
Y el oso: —¡Tú dímelo y no tengas miedo!
El carbonero respondió: —¡Estas especias salen del jabalí!
El oso se lanzó contra el jabalí, pero el jabalí chilló y salió corriendo hasta lo más hondo del bosque. El oso frunció el ceño y le dijo al carbonero: —¡Pues entonces prepárame esas especias de otra manera!
El carbonero le dijo: —Amigo mío, eso no se hace así como así. Hace falta fuego y una olla. Y yo ahora estoy sucio, tengo que lavarme un poco, ¡para que no te dé asco y te sepa rico!
Y el oso: —¡Pues ve y lávate!
El carbonero se lavó, pero no tenía con qué secarse.
Le dijo al oso: —¡Préstame tu piel, que me seco con ella!
El oso se le acercó y el carbonero se secó.
La zorra, que era la ahijada del oso, fue a buscar la olla, y el lobo, su ahijado, preparaba el fuego. El carbonero se puso a talar una haya enorme para hacer leña. Cuando la había partido un poco, metió una cuña en la grieta y le dijo al oso: —Tú que eres tan fuerte, mete las zarpas en la haya y ayúdame, que la vamos a abrir.
El lobo le dijo al oso: —¡Ten cuidado! ¡El carbonero es un pillo, no vaya a hacerte algo!
Pero el oso no le hizo ni caso y ayudaba todo lo que podía, para tener pronto esas especias prometidas.
El carbonero sacó la cuña del tronco y las zarpas del oso se quedaron atrapadas en la haya. El oso gritaba: —¡Ay, que me pilla, que me pilla! —Pero el carbonero le dijo: —¡Espera, espera, tú sigue ayudando! —Y agarró un palo y le dio al oso una buena tunda.
El lobo no se atrevió a hacer nada y solo gritaba desde lejos: —¡Bien te avisé, oso, que tuvieras cuidado con el carbonero, que es un pillo! ¡A mí me podría hacer lo mismo que a ti! —Y salió corriendo.
La zorra, que justo llegaba con la olla, vio cómo su padrino se llevaba lo suyo, dejó la olla tirada y también salió corriendo.
Luego el carbonero terminó tranquilamente su comida y se fue a hacer carbón.
¿Y el oso? Tardó mucho en librarse de la trampa del carbonero, y ya no le quedaron ganas de probar esas especias del carbonero nunca más.
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