
Cuentos para dormir
Cómo Valiente se encontró con el rey de los animales
Al final del pueblo había, desde hacía ya muchísimos años, una granja donde vivían una abuelita y un abuelito muy mayores, con unas cuantas vaquitas, conejos y gallinas. Bueno, y con ellos vivía también un perro muy valiente que no le tenía miedo a nada. Por eso lo llamaban Valiente.
Era un peleón de mucho cuidado, y lo conocían en toda la comarca. Se había peleado con casi todos los perros que se había encontrado. Ya fuera por un trozo de ala de pollo, de panceta o de carne ahumada.
Un día tuvo un sueño que lo cambió de la noche a la mañana, y nunca más volvió a pelearse. ¿Queréis saber qué sueño fue? Pues escuchad bien.
Un día precioso y soleado, Valiente decidió ir a la selva de África para ver quién vivía allí. Nunca había estado, porque quedaba muy lejos de su granja. No le tenía miedo a nada. Todas las peleas del pueblo las había ganado siempre él, Valiente. Ni por un momento se le ocurrió que en la selva podía esperarle algún peligro. Que allí podía vivir alguien que le diera miedo.
Mientras caminaba por la selva mirando a su alrededor, vio un montón de monos columpiándose en las copas de los árboles altos y serpientes deslizándose por las lianas. Y también se fijó en un animal enorme. Más grande que él. Era un león, el rey de los animales.
La melena del león brillaba como el oro, y su larga cola se movía hacia Valiente muy amistosa.
Pero a Valiente le encantaba pelearse y buscar pelea, así que empezó a gruñirle y a ladrarle al león. El león levantó la cola y también se puso en guardia. Como Valiente no paraba de ladrar y hasta se le echó encima, el león soltó un rugido tremendo. Valiente no había oído nada igual en toda su vida. Se asustó tanto que le empezaron a temblar las patas.
Se dio la vuelta y salió huyendo. Corrió todo lo que le daban las patas. Ni siquiera se atrevió a volverse para ver si el león lo perseguía.
En cuanto llegó a casa, se escondió en su caseta y nunca le contó a nadie lo que había soñado ni por qué había cambiado tanto. Pero estuvo muy bien que aprendiera la lección, aunque fuera solo en sueños. Porque Valiente nunca más volvió a pelearse con ningún perro ni con ningún otro animal, y desde entonces fue mucho más amable con todos.
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