
Cuentos para dormir
El burrito miedoso
Había una vez un burrito pequeño que le tenía miedo a todo. Vivía en una granja grande, pero allí no tenía muchos amigos. Se llamaba Grisón, porque era todo gris, como esas nubes oscuras que nos miran con mala cara cuando llueve. Pero el pequeño Grisón sentía que no encajaba en la granja. Sentía que en el gran mundo lo esperaban nuevas aventuras y amigos de verdad. Y creía que algún día vencería su miedo a lo desconocido.
Un día, el viejo granjero canoso trajo al cercado un burro nuevo. ¡Y qué miedo le daba al pequeño Grisón! Se acurrucó debajo de la paja y esperó a ver qué pasaba. ¡Ojalá él también fuera tan grande! Pero ¿qué le iba a hacer? Y la verdad es que tenía motivos para tener miedo. El burro nuevo era mucho más grande que el chiquitín de Grisón y se metía con él todo el rato por eso. —¡Eres pequeño como un gato, ja, ja! —le decía. Al pequeño Grisón eso le dolía mucho. «Ya cambiará, algún día seguro que cambia», pensaba.
La luna se escondió en el horizonte y las nubes oscuras libraban en el cielo una batalla terrible. Unas gotas gordas caían, una detrás de otra, sobre el gran rancho. El pequeño Grisón estaba escondido en el establo, temblando de miedo. Les tenía muchísimo miedo a las tormentas, igual que a todo lo demás.
—¿De qué tienes miedo? —se burlaba de él el burro grande. «Pero tener miedo es normal», se decía Grisón una y otra vez. «Todo el mundo le tiene miedo a algo». Lo malo es que el pequeño Grisón le tenía miedo a todo.
Y de repente, junto al establo, cayó un rayo enorme. ¡Menudo trueno! El pequeño Grisón se asustó tanto que salió del establo desbocado y corrió y corrió todo lo que le daban las patas. —¡Iaaa, iaaa, iaaa! —rebuznaba sin parar. Saltó la alta valla de madera del rancho y no paró hasta llegar al bosque. Allí se escondió en una cueva y esperó a que pasara la tormenta. Tenía miedo, ni siquiera sabía por qué, pero en la cueva se sentía más seguro que en la granja. Sin darse cuenta, se quedó dormido, y cuando abrió los ojos ya era de día. Al principio Grisón no entendía dónde estaba, pero luego se acordó de cómo la noche anterior había huido de la granja, asustado por la terrible tormenta y los rayos. Se preguntaba si debía volver a casa. Pero allí no tenía amigos, ¿para qué iba a volver? Solo lo quería el viejo granjero.
Mientras pensaba en todo eso y paseaba por el bosque, vio a lo lejos, en el camino, un caballo negro y fuerte que tiraba de un gran carruaje adornado con oro. ¡Qué majestuoso era! El burrito Grisón admiraba desde lejos a aquel caballo tan grande, escondido detrás de un árbol.
Y de repente, el caballo tropezó con una piedra grande que había en el camino del bosque y se cayó tan mal que ¡se rompió una pata! El caballo cayó al suelo y relinchó de dolor. Grisón pensaba qué hacer. No podía dejar al caballo así, sufriendo. Tenía que ayudarlo. Pero tenía miedo. ¿Y si lo estropeaba todo? ¿Y cómo terminó la historia? ¿Venció Grisón su miedo? Eso, queridos niños, lo sabremos en la próxima parte.
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