
Cuentos para dormir
El erizo Pinchito y su nuevo hogar
Había una vez un erizo llamado Pinchito. Hasta entonces, Pinchito había vivido con su mamá y unos cuantos hermanos en el hueco de un árbol que, hacía mucho tiempo, había abierto un rayo durante una gran tormenta. Pero Pinchito ya era mayor y, como a sus hermanos, le había llegado el momento de buscarse su propia casa.
Así que todos se despidieron de su mamá y se fueron a ver mundo. No tardaron mucho en encontrar su nuevo hogar. La hermanita de Pinchito se instaló en un matorral tan espeso que dentro nunca llovía, y su hermanito encontró un sitio al pie de una colina llena de frutos del bosque, así que siempre tendría algo que comer.
Solo Pinchito no acababa de decidirse. Aquí había demasiada humedad, allá hacía demasiado frío y en otro sitio había espinas. Así que Pinchito iba triste por el bosque, sin rumbo, buscando un lugar donde quedarse. Y no entendía por qué había tenido que irse de casa de su mamá. No quería vivir solo; no creía que fuera capaz de cuidarse él solito. Claro que iría a visitar a su mamá, pero ya tendría que apañárselas solo con todo. Y a Pinchito le daba miedo no saber hacerlo. No entendía cómo sus hermanos podían estar tan seguros de sí mismos.
Y así, Pinchito recorría el bosque, picoteando de vez en cuando algún fruto o algún bichito que encontraba, en busca de su nuevo hogar. Hasta que por fin dio con una cueva grande, seca y calentita, y cerca de ella crecían un montón de arándanos. Pinchito, feliz por haber encontrado al fin un sitio para vivir, entró. Pero ¡qué sorpresa! Dentro roncaba un oso pardo enorme y peludo, y Pinchito, al entrar, lo despertó. Pinchito se asustó tanto que salió corriendo y, todavía temblando, se escondió en el tronco hueco de un árbol caído.
Al momento, el oso salió de la cueva y, siguiendo el olfato, encontró a Pinchito. Se asomó al tronco hueco y le preguntó: —¿Qué buscabas en mi cueva? ¿Y por qué te escondes de mí?
Pinchito, todavía un poco asustado, le explicó que estaba buscando un nuevo hogar y que había huido porque su mamá siempre le decía que los osos son peligrosos. El oso se echó a reír con una carcajada muy grave y le dijo a Pinchito que él era el oso más bueno de todo el bosque. Y que, además, se sentía solo en aquella cueva y le encantaría tener un amigo nuevo. Al principio Pinchito no se lo creía mucho, pero cuando salió de su escondite y el oso no se lo comió, como su mamá siempre le decía para asustarlo, comprendió que quizá decía la verdad.
Así que se quedó a vivir con el oso en la cueva y pronto se hicieron muy buenos amigos. Iban juntos a buscar fruta, bichitos y otras cosas ricas, y Pinchito comprendió enseguida que irse de casa de mamá no significa quedarse solo, sino hacer nuevos amigos y empezar una vida nueva.
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