
Cuentos para dormir
Vero, la ardilla avariciosa
En el bosque vivía una ardilla muy avariciosa llamada Vero. Escondía debajo de la almohada todas las avellanas de los alrededores y quería todas las bellotas solo para ella. Las demás ardillas no la querían nada por eso, porque luego les rugía la tripita todo el tiempo y tenían que ir a buscar avellanas hasta el bosque de al lado.
Un día, Vero salió otra vez a recoger. —¡Cuántas avellanas! ¡Menudo festín me voy a dar! —se decía muy contenta. Y las iba metiendo en un saco, una detrás de otra. Cuando lo llenó hasta arriba, decidió que volvería mañana a por las demás. ¡No pensaba dejárselas a las otras ardillas!
Ató el saco y lo agarró con las patitas. —¡Aaah! —empujó Vero con todas sus fuerzas—. ¡Cuánto pesa! —Y el saco no se movió ni un poquito.
—¿Cómo voy a llevarlo hasta mi nidito? —pensó—. Tengo que empujar más fuerte.
—Tres, dos, uno… ¡aaah! —Y el saco se movió. Desde las ramas la miraban las otras ardillas, que se partían de risa.
—En vez de tanto reír, podríais venir a ayudarme —dijo Vero, ofendida.
—¿Y por qué íbamos a hacerlo? Si nunca compartes nada con nadie. ¡Te llevas a casa tantas avellanas que habría para todas las ardillas del bosque!
—¡Ya veréis, puedo hacerlo sin vuestra ayuda! —les soltó a las demás ardillas.
Se echó el saco a la espalda y emprendió el camino a casa. Las ardillas no tuvieron más remedio que asentir con la cabeza, pero tampoco podían parar de reír al ver cómo le temblaban las rodillas a Vero.
Vero seguía su camino muy orgullosa cuando, de repente, ¡el saco se rompió! Entonces las ardillas que miraban ya no pudieron más y estallaron en una carcajada tan grande que les caían unos lagrimones como garbanzos.
Vero, muy ofendida, recogió el saco vacío, se metió unas cuantas avellanas en los bolsillos y dejó las demás en el bosque.
Por la noche, cuando Vero se estaba quedando dormida, se acordó de todo lo que había pasado y pensó que, a lo mejor, las otras ardillas tenían razón. La próxima vez se llevaría solo unas pocas avellanas para ella y dejaría el resto para los demás animalitos.
Y así, Vero dejó de ser avariciosa y muy pronto tuvo un montón de amigos en el bosque.
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