
Cuentos para dormir
El perrito y el elefante: una amistad muy especial
A un pueblo que se llamaba Villaflores llegó hace poco, por primera vez, un gran circo. Los niños podían ir a ver las funciones de los payasos, los ponis, los monos, los acróbatas y, sobre todo, de un elefante gigantesco. Los niños se lo pasaban en grande y estaban encantados con el circo.
Pero el elefante, después de las funciones, solía estar muy triste. Pasaba cada noche solo; nadie charlaba con él ni jugaba con él. Le faltaba un amigo de verdad con quien pasar el rato.
Pero una noche se acercó al elefante un perrito pequeño, blanco como la nieve de la cabeza a la cola, y el elefante vio que también tenía los ojos tristes. El perrito le preguntó al elefante si podía comerse lo que había dejado en su cuenco, porque tenía muchísima hambre. El elefante le dijo que sí, y al ratito el perrito se marchó con la tripa llena y con cara de estar muy a gusto.
A la noche siguiente, el perrito blanco volvió a pasar a ver al elefante para comerse las sobras. Esta vez se pusieron a charlar, y a la noche siguiente hasta jugaron juntos. Se convirtió en una costumbre, y los dos parecían felices y contentos.
Pero al dueño del circo no le hacía ninguna gracia tener que dar de comer a un perro que no era suyo, así que decidió marcharse enseguida de Villaflores a otro pueblo.
Cuando por la noche el perrito llegó corriendo al sitio donde estaba el circo y vio que ya no estaba, se echó a llorar desconsolado. Y lo mismo le pasaba al elefante, que estaba cada vez más triste y hasta se puso malito.
Cuando el dueño del circo le trajo un médico al elefante, el elefante le confesó en secreto que echaba de menos a su amigo, el perrito blanco de Villaflores.
El médico le contó al dueño del circo lo que le pasaba al elefante, y el dueño hizo la vista gorda y decidió ir a Villaflores a buscar al perrito blanco y quedárselo, para que el elefante tuviera a su amigo.
Al final, con la vuelta del perrito blanco no solo se alegró el elefante, sino también el dueño del circo. Porque el elefante y el perrito, al que empezaron a llamar Copito, se inventaron juntos un número que nadie había visto jamás en ningún otro circo.
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