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Riko, el loro valiente – cuento para niños

Cuentos para dormir

Riko, el loro valiente

Margarita O.25 de septiembre de 20263 min de lecturapara preescolar

En la otra punta del mundo hay una selva tropical muy grande, y en ella, hace unos años, vivía un loro cubierto de plumitas rojas y brillantes. Se llamaba Riko. Tenía su casa en la copa de un árbol muy alto, donde estaba muy a gusto. Desde allí veía gran parte de la selva, y gracias a eso un día pudo ayudar a salvar la vida de varios animalitos que vivían abajo, en la selva. ¿Qué pasó? Os lo cuento ahora mismo.

Era una mañana como cualquier otra. Riko estiró una patita y luego la otra, y lo mismo hizo con las alas. Le extrañó que aquel día no brillara el sol, sino que estuviera escondido detrás de una nube oscura. De repente vio un relámpago enorme y luego oyó un estruendo. Justo al lado de su casa empezó a arder un fuego. Era un fueguecito pequeño, pero en un momento se convirtió en un incendio enorme, por culpa del viento, que empezó a soplar. Los ratoncitos, las ranitas, los monitos y los demás animalitos que vivían allí echaron a correr. Pero el fuego se extendía rapidísimo.

A Riko se le ocurrió una idea. Voló a toda prisa al río que había cerca y se mojó entero. Luego volvió volando rápido al incendio e intentó apagarlo con las gotitas. Pero no sirvió de nada. Así que volvió al río y esta vez llenó de agua también el piquito, pero vio que seguía siendo muy poco. Aun así, quería muchísimo a todos sus amigos animales, así que no se rindió. Iba y venía volando, mientras le quedaron fuerzas.

De pronto aparecieron en el cielo unas cuantas nubes y empezó a llover con ganas. Aquellas gotas ayudaron muchísimo a Riko en su lucha contra el fuego. El fuego aguantó un ratito más contra el agua, pero no pudo hacer nada. Riko cayó al suelo de puro cansancio. Todos los animalitos se juntaron a su alrededor y le dieron las gracias mil veces.

Al día siguiente, el sol brillaba precioso en el cielo. Cuando Riko se despertó y estiró sus patitas y sus alitas, no podía creer lo que veía. Algunas de sus plumitas eran ahora amarillas, y otras azules o verdes. ¿Que cómo es posible? La naturaleza lo premió por ser tan valiente. Aunque veía que él solo no podía apagar el incendio, siguió luchando para ayudar a sus vecinos de la selva.

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