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El caracolito Colito – cuento infantil

Cuentos para dormir

El caracolito Colito

Dominika J.1 de julio de 20264 min de lecturapara preescolar

Había una vez un caracolito que se llamaba Colito. Este caracol pequeñito vivía debajo de un frambueso, en un bosque de árboles de hojas grandes, y estaba muy a gusto en su casita diminuta, que llevaba siempre encima. Como ya sabemos, los caracoles llevan a la espalda una concha que les sirve de casa y también de escondite.

El caracolito Colito come solo plantas, como todos los caracoles, y lo que más le gusta es la verdurita rica y la fruta. Un día decidió irse de excursión. Quería comerse una zanahoria que crecía en un huerto pequeñito al otro lado del bosque. Por lo menos eso le había dicho su amiga la abejita Bizi, que iba allí a polinizar las flores. Sabía que tardaría bastante, porque era lento, pero no pensaba rendirse.

Y así fue cruzando el bosque, decidido a comerse una buena zanahoria. —Hola, ¿sabes cuánto falta para el huerto de las zanahorias? —le preguntó el caracolito Colito a un escarabajo que se encontró por el camino. Pero el escarabajo solo negó con la cabeza y se metió en un tronco. Así que el caracol siguió con su excursión.

—¡Hola, Colito! —llegó volando su amiga la abejita.

—¡Hola, Bizi! —saludó el caracolito a su amiga. Entonces la abejita le explicó que enseguida llegaría a una cueva; allí tenía que ir a la derecha, pasar junto a unos cuantos arbolitos, y ya estaría en el huerto. El caracolito Colito le dio las gracias y su amiga la abejita se fue a seguir polinizando flores.

Y así anduvo y anduvo por la hierba, todo lo que le daban las fuerzas. Levantó los cuernecitos y vio que delante de él había aparecido una cueva enorme. —¡Bueeeno, y dentro de nada estaré en el huerto! —exclamó el caracolito muy contento, y junto a la cueva giró a la derecha. Pero de repente, delante del caracolito apareció una zorra grande y pelirroja. Y ya se sabe que las zorras son muy astutas.

—¿Adónde vas, adónde vas, caracolito? —le preguntó la zorra con una sonrisa falsa. El caracolito le contestó con cuidado: —Voy al huerto. —Le tenía miedo. —¡Yo te llevo! —dijo la zorra. El caracolito le dio las gracias, pero dijo que no, porque sabía que de las zorras no hay que fiarse. Se escondió en su concha y esperó a que la zorra se fuera.

Pero la zorra esperaba y esperaba a que el caracolito saliera de su casita. Seguro que tramaba algo. ¿Y si se lo comía? El caracolito asomó despacito la cabeza fuera de la concha. Y entonces la zorra lo atrapó con sus garras y no lo quería soltar.

—¡Socorro! —gritó el caracolito Colito. En ese momento apareció su amiga la abejita y empezó a zumbar alrededor de las orejas de la zorra. —¡Vete de aquí, zorra mala, o te pico! —dijo la abejita Bizi. La zorra se echó a reír: —¿Y qué? ¿Qué me va a hacer una abejita tan pequeña? —dijo. Pero de pronto, alrededor de la abejita Bizi apareció un enjambre entero de abejas. ¡Su familia había venido a ayudarla a salvar al caracolito! La zorra se asustó tanto que soltó al caracolito Colito y desapareció en el bosque.

El caracolito estaba muy agradecido a sus amigas por haberlo salvado. Luego la abejita acompañó al caracolito Colito hasta el huerto. Y allí las abejas polinizaron las flores y el caracolito se comió su zanahoria. Estaba contento de poder contar con su amiga, y sabía que, si ella alguna vez necesitaba algo, él también estaría allí para ayudarla.

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