
Cuentos para dormir
Ser grande no siempre es ser mejor
Mucho antes de que hubiera personas en la Tierra, en una época muy antigua llamada Mesozoico, vivían aquí los dinosaurios. Unos eran enormes y otros chiquitísimos; algunos sabían volar y otros nadar. Cada uno era especial en algo.
Pero uno de ellos se creía mejor que los demás. Era grande, tenía los dientes afilados y, cuando rugía, todos le tenían miedo en muchos kilómetros a la redonda. Se llamaba Tiranosaurio Rex, y para abreviar le llamaban T-Rex. Un día fue a la selva a buscar algo que comer y, junto al lago, se encontró con un pequeño estegosaurio que se estaba zampando unas plantas muy a gusto.
—¡Uaaa, vete de aquí! —gritó el Tiranosaurio. Pero el estegosaurio siguió saboreando su comida.
—¿Me oyes? —le preguntó el T-Rex, y rugió con todas sus fuerzas—: ¡Uaaaaaa, lárgate! ¡Este es mi sitio, aquí solo como y bebo yo!
El pequeño estegosaurio se terminó tan tranquilo el último bocado y dijo: —Este lago es de todos, así que todo lo que hay en él es para todos los dinosaurios.
«¡Pero qué descarado!», pensó el T-Rex. —¿Cómo es que no me tienes miedo? —le preguntó, sorprendido—. ¡Soy muchísimo más grande que tú!
—Es que el tamaño no importa —dijo el estegosaurio—. Lo que importa mucho más es cómo eres y cómo te portas —añadió, y se fue a casa. El Tiranosaurio pensó mucho en lo que le había dicho el pequeño estegosaurio, pero no conseguía entender qué había querido decir.
Al día siguiente, el T-Rex fue a comer directamente al lago. No había nadie, así que empezó a darse un banquete con los peces que pescaba. Pero al poco rato llegaron dos braquiosaurios enormes y empezaron a echar al T-Rex:
—¿Qué haces aquí? ¡Este es nuestro sitio! —empezó uno.
—¡Eso, eso! —se sumó el otro—. Aquí comemos siempre nosotros. ¡Búscate tu propio lago!
El Tiranosaurio no quería pelearse con ellos: eran muchísimo más altos que él. Hasta le daban un poco de miedo, así que ya empezaba a marcharse triste cuando, de repente, oyó una vocecita:
—¡Dejadlo en paz! Este lago es de todos —salió en su defensa el pequeño estegosaurio—. ¡El lago es para todos nosotros!
En ese momento, el T-Rex comprendió que el tamaño de verdad no importa y que, aunque el estegosaurio era pequeño, era mucho mejor y más valiente que él. Se hicieron muy buenos amigos y, desde entonces, siempre iban juntos al lago.
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