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Cuentos cortos para niños - Sobre los cabritillos desobedientes

Cuentos para dormir

Sobre los cabritillos desobedientes

En una casita junto al bosque vivía una cabra con sus cabritillos. Eran muy traviesos y muchas veces no le hacían caso a su mamá. Un día, mamá cabra tuvo que irse a pastar y, antes de marcharse, les dijo:

—No le abráis la puerta a nadie hasta que oigáis mi voz. Volveré con la ubre llena de leche para vosotros.

La cabra se fue a pastar lejos, y el lobo la vio marcharse.

—¡Ajá! Los cabritillos se han quedado solos en casa… —se relamió.

Cuando la cabra ya estaba lejos, el lobo se plantó delante de la casita. Llamó a la puerta y gruñó con su voz ronca:

—Cabritillos, abridme. Soy vuestra mamá.

Los cabritillos se asustaron y dejaron de jugar. Aquella voz no era la de su mamá, sino la del lobo.

—¡No te abrimos! Tú eres el lobo, no nuestra mamá. Nuestra mamá tiene una voz mucho más bonita, suave y cariñosa.

El lobo vio que engañar a los cabritillos no iba a ser tan fácil y se fue corriendo a ver al herrero:

—Herrero, herrero, límame la lengua para que tenga la voz suave, o te como.

El herrero le tenía miedo al lobo, así que le limó la lengua para que hablara con voz dulce.

El lobo volvió corriendo a la casita y llamó otra vez, ahora con voz suave:

—Cabritillos, abridme. Soy vuestra mamá.

Pero los cabritillos eran muy listos y no abrieron:

—Si eres nuestra mamá, enséñanos la patita blanca.

Pero el lobo tenía una pata gris, peluda y con unas uñas enormes, así que no pudo enseñarles nada.

Entonces se fue corriendo a ver al molinero:

—¡Molinero, molinero, échame harina en las patas, o te como!

El molinero le tenía miedo al lobo, así que le echó harina blanca en las patas.

Al cabo de un rato, el lobo volvió a llamar a la puerta:

—Cabritillos, abridme. Soy vuestra mamá.

Y movió la pata enharinada delante de la ventanita. Los cabritillos se acercaron a la ventana y se asomaron. ¿Y qué vieron? ¡Al otro lado estaba el lobo! Cerraron corriendo las contraventanas y echaron el cerrojo a la puerta. El lobo se puso furioso con aquellos cabritillos tan desconfiados. Gruñó y aulló, pero no le sirvió de nada: los cabritillos ya se sabían todos sus trucos, y no le quedó más remedio que volverse al bosque con las manos vacías.

Al poco rato volvió mamá cabra. Los cabritillos todavía temblaban de miedo y le contaron lo que había pasado con el lobo malo. Ella se puso contentísima de que, por esta vez, le hubieran hecho caso. ¡Qué orgullosa estaba de sus cabritillos!

¿Y el lobo? El lobo ya nunca volvió a aparecer por allí.

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