
Cuentos para dormir
Cómo Juanito empezó a dejarse lavar el pelo
El pequeño Juanito se bañaba todas las noches, pero no le gustaba nada mojarse la cabeza. Cuando mamá quería lavarle el pelo, se ponía a llorar, a gritar, a dar manotazos por todas partes, y no había manera con él.
Pero qué le vamos a hacer, el pelo hay que lavarlo, así que mamá no se dejó convencer y se lo lavó. No le sirvieron ni las lágrimas ni los gritos: Juanito acabó con el pelo bien limpio. Y entonces, de repente, apareció de no se sabe dónde una gatita negra y pequeñita.
Se le enredó entre las piernecitas, se acurrucó contra él y hasta se dejó acariciar detrás de la orejita. A Juanito le encantaban los gatos, pero otras veces la gatita ni le hacía caso.
Juanito refunfuñó por lo bajo: —Gatita, ¿dónde te escondías? ¿Por qué nunca quieres jugar conmigo y siempre te escapas?
—Pues porque a los gatos nos gusta mucho la limpieza, y tú siempre tenías la cabecita sucia, por eso no te hacía caso —ronroneó la gatita, tan a gusto en su regazo—. Y si mañana te dejas lavar el pelo, volveré.
Esa noche Juanito se durmió muy contento, con la gatita a su lado.
Al día siguiente, Juanito casi no podía esperar a que llegara la noche, para que mamá le lavara otra vez el pelo y apareciera la gatita. Mamá estaba feliz y no se lo podía creer cuando el propio Juanito le pidió que le lavara la cabecita.
Y desde entonces, cada vez que salía de la bañera y se metía en la cama, se quedaba dormido muy a gusto con la gatita entre los brazos.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos de gatos Cuentos para preescolar Cuentos sobre niños




¿Qué te pareció el cuento?