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Cómo la gata Bea se hizo amiga de los perros – cuento para niños

Cuentos para dormir

Cómo la gata Bea se hizo amiga de los perros

Ana H.10 de agosto de 20265 min de lecturapara preescolar

La gata Bea siempre había tenido muchísimas amigas gatas: atigradas, pelirrojas, blancas, negras, con manchas; conocía gatas persas y de Bengala, británicas, escocesas y noruegas, siberianas y americanas, turcas y europeas. En resumen, todas las gatas que alguien haya visto alguna vez: Bea era amiga de todas.

A la mayoría las conocía ya de la guardería de gatos; a algunas las había conocido en el tejado, a otras en el desván, y a otras en el patio de detrás de la casa. Casi todos los días se los pasaba igual: desayunaba bien a gusto y luego iba a visitar a todas sus conocidas por todo el barrio. En un sitio se zampaba un ratoncito, en otro la invitaban a un poquito de leche, y con cada una de sus conocidas siempre charlaba un rato de algo.

—¿Qué tal, vecina? ¿Cómo va ese maullido? —la saludaban siempre en cuanto la veían a lo lejos.

—Pues muy bien —contestaba ella—. Solo que hoy tengo la garganta un poco seca. Me vendría bien un poco de leche o alguna golosina.

A la gata Bea lo que más le gustaba era pasear por las calles. Una vez a la semana quedaba siempre con todas sus amigas gatas en el desván de la casa donde vivía su familia. Entonces cada una traía todo tipo de manjares, y se daban un festín juntas hasta muy tarde, charlaban y se divertían, ¡se reían y lo pasaban en grande casi hasta el amanecer! 

Otras veces se pasaban el día corriendo por las calles, colándose por callejones y vallas, cruzando jardines, trepando por los tejados y los canalones y jugando al pilla-pilla gatuno. ¡Así eran capaces de recorrerse toda la ciudad en un solo día! A Bea le encantaban esos juegos.

Una tarde, las gatas tenían que reunirse como siempre en el desván, y la gata Bea se coló por un agujero del tejado. Pero cuando dio un saltito —sin hacer ruido, como un fantasma— hasta el suelo y miró a su alrededor, no había nadie. ¿Me habré perdido?, pensó. ¿Por qué no hay nadie aquí? ¿Adónde se han ido todas? ¿Me habré equivocado de desván? Pero no, era el desván de siempre, y allí no había nadie. Entonces oyó de pronto unos ruidos raros que venían de fuera. Salió rápidamente y miró hacia la calle. ¡Anda, si están todas aquí!, pensó Bea al ver a todas sus amigas corriendo por la calle.

—¡Eh! —les maulló desde el tejado—. ¿Qué hacéis ahí abajo? ¡Hoy no toca jugar al pilla-pilla, hoy hemos quedado en el desván! —Pero en ese momento vio que las gatas no estaban solas. Había un montón de peludos más. ¡Pero si son perros!, pensó de pronto Bea. ¿Y qué hacen ahí? ¡Los perros son nuestros enemigos! ¡Las gatas nunca hablan con los perros!

—¿Estáis jugando con perros? —gritó Bea, muy confundida.

—¡Exacto! —le contestaron sus amigas—. Nos hemos encontrado con una excursión de perros por la ciudad y resulta que son divertidísimos. ¿Tú sabes por qué les hemos tenido siempre tanto miedo? ¡Son majísimos!

—¡Vente con nosotros! —le gritó otra de las gatas—. ¡Lo pasaremos genial, ya verás!

—¡Ni hablar, yo con perros no juego! —protestó Bea—. ¡Son peludos, malos y tienen unos dientes larguísimos!

Así que Bea pasó la tarde sola en el desván, mientras todos los demás jugaban abajo al pilla-pilla hasta la noche. Y así fue también al día siguiente, y al otro, y al otro, y luego toda una semana, y luego todo un mes. Bea seguía enfurruñada y siempre estaba sola en el desván.

Hasta que un día, cuando Bea ya estaba harta, bajó del tejado a la calle. Todos tardaron mucho en convencerla de que se uniera a ellos, hasta que por fin Bea se dejó convencer. ¡Y cuánto le costó! Se unió a los demás y jugaron al pilla-pilla. Estaban todos los perros: teckels y perros lobo, labradores y san bernardos, pitbulls y caniches, pastores y retrievers, chihuahuas y bulldogs, bóxers y dóberman, bulldogs pequeñitos y collies; en resumen, todas las razas de perros que os podáis imaginar. Y todos se llevaban muy bien. Entonces Bea comprendió que las gatas no tienen por qué hablar solo con gatas, sino que pueden entenderse con todos los animalitos que hay en el mundo y ser amigas suyas.

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