
Cuentos para dormir
Edita y el pajarito que se cayó del nido
En la ciudad no se ven muchos animales. Más bien te encuentras coches, motos, patinetes, mucha gente y niños jugando. Pero a veces pasa que algún animal salvaje se instala también en la ciudad. Por ejemplo, en los árboles a veces se ven nidos de pajaritos. Buscan un árbol alto con muchas ramas y llevan con cuidado ramita a ramita y hojita a hojita, hasta que les queda un nido cómodo y fuerte. Uno de esos árboles donde vivían pajaritos estaba justo delante de la casa de Edita.
Edita era una niña a la que le encantaban los animales. Le gustaba observarlos y aprender cosas sobre ellos. Cada mañana Edita pasaba de camino al cole junto a aquel árbol tan grande y miraba su copa, por si veía alguna ardilla o algún pajarito.
Un día, al volver del cole a casa, la detuvo un ruido muy raro. Miró hacia arriba y vio cómo encima de ella dos pájaros revoloteaban nerviosos alrededor del árbol, piando de una forma horrible. Parecía que pasaba algo, como si quisieran decirle algo. Edita miró a su alrededor para averiguar por qué insistían tanto los pajaritos. Y entonces lo entendió.
Bajo el árbol daba saltitos torpes un pajarito pequeño, con algunas plumas ya. Era un polluelo. Los pájaros que volaban sobre la cabeza de Edita seguro que eran sus padres. El pequeño no sabía volar. Seguro que se había caído del nido. Casi no se tenía en pie. Edita sabía que allí, en el suelo de la ciudad, el pajarito corría muchos peligros. Quería ayudarle, pero tenía que darse prisa, porque en cualquier momento le podía pasar algo.
Edita había leído en sus libros que, si el polluelo ya tiene plumas, se puede tocar. Que sus padres lo seguirán aceptando. Y también sabía que el sitio más seguro para él era el árbol. —Tengo que subirlo a una rama ancha. Le haré un nido para que no vuelva a caerse. Allí sus padres le podrán traer comida y, cuando esté fuerte, se irá volando con ellos —pensó Edita, y se puso manos a la obra.
Enseguida encontró unas ramitas. Las enrolló como un ovillo con un hueco para meter al pajarito. Miró bien el árbol para decidir dónde iba a poner el nido con el pequeño emplumado. Encontró un sitio donde las ramas se separaban en dos. —Este es el mejor sitio, aquí lo pondré —decidió.
Y luego llegó lo más difícil: trepar hasta arriba con el nido y el pajarito. Se hizo un bolsillo en la tripa atándose la camiseta. Encajó allí el nido y luego, con mucho cuidado, tomó al pajarito y lo metió dentro. Se apretó bien la camiseta para que no se cayera. Y empezó a trepar. Subía por las ramas con mucha habilidad. Y no dejaba de vigilar a su pequeño protegido en la camiseta. Cuando llegó a la horquilla de las ramas, dejó allí con cuidado el nido con el pajarito y se aseguró de que no se caería. En cuanto bajó, vio cómo sus padres volaban hacia él y le traían comida. ¡La misión de rescate había salido bien! Edita estaba feliz de haber podido ayudar al pajarito y de haberlo conseguido. Cada día iba a ver al pajarito y observaba cómo se hacía fuerte y crecía.
Hasta que un día, volviendo del cole, Edita volvió a oír aquel ruido tan raro. Pero esta vez era un poco distinto del primero. Miró hacia arriba y vio que los padres del pajarito bajaban del árbol hacia ella. En los piquitos llevaban una coronita tejida con ramitas. Se la pusieron despacito en la cabeza y luego dieron unas cuantas vueltas a su alrededor.
Después algo le dio un picotazo suave en la oreja. Edita se rio tanto que lloró de alegría. En el hombro tenía posado el pajarito que había salvado. Se dejó acariciar, dio unos cuantos saltitos más y se fue volando con sus padres. Todos habían venido a despedirse de Edita y a darle las gracias.
Edita nunca dejó de interesarse por los animales. Todavía hoy lee sobre ellos y sigue aprendiendo cosas nuevas. Cree que así podrá volver a salvarle la vida a alguien.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos de árboles Cuentos de pájaros Cuentos para preescolar Cuentos sobre niños Fábulas




¿Qué te pareció el cuento?