
Cuentos para dormir
El burrito miedoso vence su miedo
El burrito Grisón, que le tenía miedo a todo, vivía en una granja grande donde todos se metían con él porque era muy pequeñito. Una noche llegó una gran tormenta, y cuando un rayo enorme cayó cerca de la granja, Grisón huyó asustado al bosque y se escondió en una cueva hasta que pasó la tormenta. A la mañana siguiente se preguntaba si debía volver a la granja. Mientras lo pensaba, vio un caballo que tiraba de un gran carruaje. ¡El caballo resbaló sin querer y se rompió una pata!
El burrito Grisón salió corriendo de detrás del árbol y decidió que vencería su miedo y ayudaría al caballo. Por primera vez, venció su miedo.
El caballo relinchaba de dolor, y el burrito Grisón corrió hasta él e intentó ayudarlo a ponerse de pie. Pero el caballo estaba débil y la pata le dolía muchísimo.
—¡Oh, no! ¿Cómo voy a llevar ahora al rey de vuelta a su reino? —le dijo con tristeza el caballo Relámpago al pequeño Grisón. Al final, con la ayuda de Grisón, consiguió levantarse como pudo, pero cojeaba. Así no podría tirar del carruaje. Él solo, seguro que no.
—¡Tengo una idea! ¡Tú me ayudarás! —dijo el caballo. Mientras tanto, el rey bajó del carruaje y vio que su caballo herido estaba hablando con un burrito.
—¡Estupendo! ¡Un ayudante nuevo! —dijo el rey, y acarició al burrito.
El rey no vio en él a un burrito pequeño y asustado, sino a un burrito que se había armado de valor y había ayudado a su caballo. El rey vio que el caballo no podría hacer solo el camino de vuelta al castillo, así que enganchó al burrito junto a Relámpago, y entre los dos llevaron al rey a casa. El burrito Grisón estaba feliz de ser útil por fin y de que nadie lo despreciara por ser tan pequeñito.
Cuando llegaron al reino, el mismísimo rey se encargó de que curaran al caballo Relámpago, ¡y no solo eso! Al burrito Grisón le dio un sitio en el establo, justo al lado de su nuevo amigo Relámpago. Porque había sido él, el pequeño Grisón, quien había ayudado al rey a volver a casa. El viaje duró más, porque Relámpago cojeaba, pero Grisón se esforzó con todas sus fuerzas y, entre los dos, consiguieron tirar del carruaje. Quizá no era un caballo fuerte, pero por fin sentía que pertenecía a algún sitio. Todavía tenía un poquito de miedo, pero el caballo siempre lo animaba diciéndole que tener miedo no es ninguna vergüenza. Y que, además, no había nada que temer.
Desde aquel día, el caballo Relámpago y el burrito Grisón se hicieron amigos inseparables y acompañaban al rey en todos sus viajes, y el miedo ya no acompañó más al burrito por la vida. Había encontrado un nuevo hogar, donde todos lo querían tal y como era.
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