
Cuentos en audio
El hormiguito Rudi
En un hormiguero enorme, al final de un bosque oscuro, vivía con las demás hormigas trabajadoras un hormiguito muy alegre llamado Rudi. Pero Rudi era distinto de las demás hormigas.
¿Y por qué? Pues porque Rudi era más pequeño, era chiquitito. Pero aunque era más pequeño que los demás, quería llegar a ser un gran constructor de hormigueros. Soñaba con ello todos los días. Sabía que sería difícil, incluso imposible. Porque los valientes constructores del hormiguero eran sobre todo hormigas muy fuertes y grandes. Y Rudi no lo era. Eso lo ponía triste, pero tenía un corazón muy grande y, sobre todo, un gran sueño, y no quería renunciar a él.
Y así, cada mañana, cuando el sol salía despacito por detrás de los árboles, Rudi hacía ejercicio y entrenaba con muchas ganas para ponerse fuerte. —¡Yo puedo! ¡Puedo hacerlo! —se repetía una y otra vez, y entrenaba y entrenaba cuando no estaba llevando miguitas al hormiguero. Y así pasaba un día tras otro… Entrenar y entrenar. Pero lo peor era que con él, en un cuartito del hormiguero, vivía otra hormiga a la que todos llamaban el señor Forzudo.
Lo llamaban así porque no solo era grande, sino también muy fuerte, y era justo él quien se burlaba sin parar del pequeño Rudi: —¡Rudi es un enaaano, un enaaano! —A Rudi aquello no le gustaba nada, y entrenaba todavía más para ser más fuerte que su compañero de cuarto, el señor Forzudo. Rudi sabía que no hay que reírse de los demás, sabía que no está bien. Una mañana, mientras hacía ejercicio, vio a lo lejos un animal enorme que cruzaba el bosque corriendo y se acercaba a su hormiguero.
—¡Madre mía! ¿Y ahora qué? —se dijo Rudi, y empezó a pensar deprisa. ¿Qué haría? ¿Gritar? ¿Huir? ¿Avisar a los demás? Pues eligió lo correcto, ¡como un hormiguito valiente! Con sus patitas pequeñas pero rápidas, entró corriendo en el hormiguero y avisó a todos antes de que el animal enorme aplastara el hormiguero entero. Todas las hormiguitas salieron corriendo y se escondieron. ¡Y todo gracias a Rudi! ¡Él las había avisado! Las hormigas, su familia, le estaban muy agradecidas por haberlas salvado. Eso sí, había que construir un hormiguero nuevo para vivir todos, porque el suyo lo había destrozado aquel animal grande y malo.
Así que todas las hormigas constructoras se pusieron a trabajar para terminar cuanto antes el hormiguero nuevo. Y de repente, una de las hormigas gritó: —¡Rudi, ven a construir tú también, que eres nuestro héroe! —Rudi se dio la vuelta: —¿Quién? ¿Yo? —No se lo podía creer. Y así, gracias a su valentía, el hormiguito pequeño se convirtió en un gran constructor, y las hormiguitas se construyeron una casita nueva, un hormiguero, donde ya nadie se reía de Rudi, ni siquiera el señor Forzudo.
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