Saltar al contenido
El sueño secreto del zapatero se hace realidad – cuento para niños

Cuentos para dormir

El sueño secreto del zapatero se hace realidad

Dominika J.29 de mayo de 20266 min de lecturapara primaria

Niños, seguro que os acordáis del joven zapatero Matías, que vivía en el pueblecito al pie del castillo. Trabajaba de zapatero, como toda su familia, aunque él soñaba con ser un valiente caballero del castillo, de esos que protegen al rey y a su hermosa hija, la princesa Elisa.

Pero le tenía miedo a su padre, que era muy severo. Matías apreciaba su oficio, pero seguía creyendo que algún día su sueño se cumpliría. A lo mejor hasta conquistaba el corazón de la hermosa princesa, famosa por su belleza en toda la comarca. Tenía el pelo oscuro como el cielo de noche, los ojos color chocolate y la carita de una muñeca.

Un día entró en la zapatería una ancianita que pidió un trocito de pan y un poco de agua. Pero el padre de Matías la echó. El chico no pudo quedarse tan tranquilo y salió tras la ancianita para ayudarla. Y la ayudó. A cambio de su ayuda y de su buen corazón, la ancianita le dio una carta que decía: «Eres el único que me ha ayudado hoy. Todos me han rechazado, así que yo también te ayudaré a ti y cumpliré tu sueño más secreto. Ven a medianoche ante las puertas del castillo y allí encontrarás lo que buscas». Y hoy vamos a saber qué decidió Matías y si su sueño se cumplió de verdad.

Matías volvió al trabajo y siguió con su día como siempre. Sacaba brillo, fabricaba, cosía y arreglaba zapatos de todo tipo. A su padre no le contó nada de la carta, y prefirió no decirle tampoco que al final había ayudado a la ancianita. La noche fue cayendo sobre las grandes murallas del castillo, y al pueblecito llegaron el frío y la luz de una luna brillante. El chico terminó su trabajo y se fue a la cama. Llevaba todo el día pensando si debía creer a la ancianita e ir a la puerta a medianoche. Sabía que su padre se enfadaría, pero tenía demasiada curiosidad. A lo mejor, al final, su sueño se cumplía.

El chico esperó a que su padre se durmiera y salió despacito. Recorrió las callejuelas oscuras del pueblo hasta llegar a la puerta del castillo, donde montaban guardia unos caballeros fuertes con armadura. Matías temblaba de frío, con la carta de la ancianita en las manos, y esperaba a ver qué pasaba. En ese momento, el reloj de la torre de la iglesia dio las doce y la puerta se abrió. Allí estaba la ancianita. —Eres el único que me ayudó. Te llevo observando desde hace tiempo. Tienes buen corazón, fuerza y cabeza, y con ellos haces muy bien tu oficio —le dijo. El chico seguía sin entender lo que pasaba.

De pronto, alrededor de la ancianita brillaron un millón de lucecitas, y ella se convirtió en la hermosa princesa Elisa. —Tú eres el que estaba buscando. ¡No quiero a ningún príncipe presumido que solo piense en riquezas o en fama! —dijo. Matías no daba crédito a lo que veía. La ancianita era en realidad una princesa preciosa. ¡Era a ella a quien había ayudado! Ella le había dado la carta, ella lo miraba por la ventana… Matías se quedó de piedra. No le salía ni una palabra. La princesa le tomó de la mano y se fueron al jardín real.

Allí Elisa le contó que tenía poderes mágicos. Quería elegir a alguien con buen corazón. Y cuando vio que Matías la había ayudado aunque pareciera una ancianita con ropa rota, supo que él era el elegido.

La noche se les pasó volando. Paseaban por los jardines del castillo; Matías le hablaba a la princesa de su oficio y de lo mucho que trabajaba, y la princesa a él de la vida en el reino. Y así, la princesa y el joven zapatero estuvieron charlando hasta el amanecer.

Cuando los pajaritos empezaron a cantar, la princesa, con su precioso vestido rosa salpicado de flores, se sentó en un banco del patio. —Hoy mandaré llamar al castillo a tu padre, el maestro zapatero, ¡y se lo contaré todo! Mi padre, el rey, ya sabía de mi plan y de mi magia —dijo, y le sonrió a Matías. Tenía los ojos marrones como el chocolate más oscuro, y el pelo oscuro le brillaba a la luz del sol que salía. Matías asintió y, un poco tímido, volvió a su trabajo.

Y así fue. La princesa Elisa y el rey mandaron llamar al castillo a Matías y a su padre. Allí se lo contaron todo. El padre sonrió al chico y le dio un abrazo muy fuerte. Era severo, sí, pero se alegraba de que su hijo fuera feliz. Eso sí, el chico tuvo que prometerle que iría a ayudarle a la zapatería, porque él ya era mayor y no tenía tantas fuerzas. Matías asintió, y empezó un gran banquete.

Y así, Matías el zapatero no solo se convirtió en un valiente caballero que protegía a la princesa, sino que además encontró lo que ni sabía que necesitaba y buscaba: el amor.

Valora el cuento

Cuentos cortos Cuentos de brujas Cuentos de magia Cuentos de princesas Cuentos para primaria Cuentos sobre niños

Comentarios

¿Qué te pareció el cuento?

No publicaremos tu correo. Leemos los comentarios antes de publicarlos.

¿Y ahora qué?

mismo tema y duración de lectura parecida

Cuento sorpresa

Más allá de montes y valles había una casita de madera, pequeña y vieja, donde vivía la hechicera Helga. Era guapísima: tenía el pelo…

3 minpara primaria

Cuando se acerca el final del curso, el sol calienta alegre en el cielo y ya están puestas todas las notas, eso solo puede…

6 minpara primaria

Érase una vez un zoológico de lo más normal. En él vivían toda clase de animales: jirafas, elefantes, leones, tigres y también cebras. Todos…

6 minpara preescolar