
Cuentos para dormir
La zorra y el leñador
En un bosque vivía una zorra. Allí tenía su madriguera y no le faltaba comida. Lo único que le estropeaba la vida eran los cazadores. De vez en cuando había cacería en el bosque y todos los animales buscaban dónde esconderse.
Aquel día la zorra estaba muy lejos de su madriguera. Su escondite le quedaba lejísimos, y el sonido de las trompas de los cazadores y los ladridos de los perros se acercaban. Entonces se acordó de que muy cerca de allí tenía su casita un leñador. Y corrió hacia allí.
—Leñador, ¿puedo esconderme en tu casa? —le preguntó.
El leñador no puso ninguna pega y dejó entrar a la zorra. Allí la zorra esperó hasta que terminó la cacería. Le dio las gracias por el escondite y volvió a su madriguera. La madriguera estaba toda escarbada por los perros de caza, que habían olido su rastro. Menos mal que en ese momento no estaba en casa.
La casa del leñador le pareció mucho más segura que su madriguera, así que en las siguientes cacerías iba a esconderse allí. Pero una vez llegó en el último momento. Los cazadores la vieron y salieron tras ella. La zorra se coló rápidamente en casa del leñador y se escondió debajo de un cesto, desde donde lo observaba todo.
Pero los cazadores habían visto adónde se había metido la zorra, así que también se pararon delante de la casa del leñador. El leñador estaba arrodillado delante de la casa, preparando unos arbolitos nuevos para plantar.
—¡Eh, leñador! —gritó un cazador de malos modos—. Hemos visto venir corriendo hacia aquí una zorra. ¿Dónde está?
El leñador se puso de pie y se quedó pensando. Los cazadores daban miedo y le asustaba mentirles. Pero tampoco quería delatar a la zorra, que había confiado en él. Por eso señaló el cesto detrás de la puerta, donde estaba escondida la zorra, y dijo: —Aquí no está la zorra que buscáis.
Los cazadores no eran muy listos y se conformaron con lo que dijo el leñador. Se marcharon. Pero la zorra lo había visto y oído todo. En cuanto notó que fuera ya no había peligro, salió huyendo de la casa del leñador sin mirar atrás. El leñador la vio desaparecer en el bosque y se enfadó muchísimo porque la zorra ni siquiera le había dado las gracias por esconderla.
¿Tenía algo que agradecerle? Eso intentad responderlo vosotros mismos.
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