
Cuentos para dormir
Jaimito y su gran sueño
Había una vez un niño llamado Jaimito que vivía con sus papás en una casita junto a un lago precioso, de agua muy clarita. Jaimito tenía un sueño muy grande: quería ser un policía fuerte y valiente, como su papá. Quería ayudar y proteger a la gente todos los días. ¿Que solo tenía doce años? ¿Y qué? Ya crecería y todos verían qué gran policía iba a ser.
Cada tarde, al volver del cole, Jaimito jugaba a ser policía. Se ponía su disfraz, se colgaba una placa de juguete, perseguía a sus peluches, que hacían de «ladrones», y disparaba con su pistolita de juguete. Estaba seguro de que algún día su sueño se haría realidad. Un sábado de primavera, soleado pero un poco fresquito, Jaimito salió al lago con su vecino y mejor amigo, Miguel. Los acompañaba Rex, el perrito de Miguel, al que le faltaba una patita. Pero eso no le quitaba nada de encanto: era muy bueno y juguetón, y todos lo querían muchísimo.
—¡Tened cuidado, chicos! —les gritó la mamá de Jaimito, que los vigilaba atenta desde la ventana de la cocina. La casa estaba muy cerca y desde allí veía bien el lago y la hierba donde jugaban Jaimito y Miguel. Los dos niños, muy contentos, le dijeron que sí con la cabeza y se pusieron a jugar a policías y ladrones.
—¡Te voy a atrapar, ladrón! —gritaba el pequeño «policía» Jaimito a su amigo Miguel, que hacía de ladrón y se escondía detrás de un árbol. Miguel sujetaba bien fuerte la correa de Rex, porque todavía era un cachorrito, y como era tan chiquitín, también era muy asustadizo. Rex rodaba feliz panza arriba por la hierba verde, al lado de los niños.
—¡Te pillé! ¡Quedas detenido! —se rio Jaimito cuando atrapó a Miguel detrás de un roble enorme. El pequeño Rex se asustó tanto que se soltó de Miguel y salió corriendo hacia el embarcadero. ¡Y allí estaba el agua del lago! Y el pobre Rex, con su patita de menos, todavía no sabía nadar.
—¡Oh, no! ¡Rex, para! ¡Al lago no! —le gritaron los niños. Pero ya era tarde. ¡Plaf! El pequeño Rex cayó directo al agua. ¿Y qué pasó después? ¿Consiguió Rex llegar nadando a la orilla, o lo salvaron los niños? Eso, niños, lo sabremos en la próxima historia de Jaimito.
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