
Cuentos para dormir
La princesa hechizada
Hace muchísimo tiempo, en un gran castillo, vivía una reina malvada, la bruja Zelda. La reina Zelda dominaba toda clase de hechizos, y precisamente por eso gobernaba todo el castillo. Todos le tenían miedo a su magia.
Temían que con su poder pudiera convertirlos en cualquier cosa, y por eso todos la obedecían sin rechistar. La reina había vencido con su poder a todos los ejércitos, así que nadie se atrevía a enfrentarse a ella. Sus hechizos eran poderosos de verdad.
La reina tenía una hija, la bella princesa Julia, que tenía un corazón de oro. Cada año, la bella Julia no solo se ponía más guapa, sino que también iba ganando poder para hacer magia. Era una niña buena, siempre ayudaba a todo el mundo y siempre sonreía. Todos en el castillo querían mucho a la pequeña princesa, menos su madre, Zelda, que le tenía envidia por su belleza y por su poder. La pequeña Julia estaba aprendiendo a hacer magia y convirtió cada jardín del castillo en un prado precioso lleno de flores. La bruja Zelda tenía mucho miedo del día en que su hija Julia tuviera tanto poder como ella, y por eso decidió que tenía que impedirlo. ¡Y lo consiguió!
Un día, la pequeña princesa desapareció. Por el castillo y sus alrededores se decía que había sido la reina Zelda quien había hechizado a su bella hija Julia, porque era más guapa y quizá hasta más poderosa que ella. Pero a la joven y bella Julia ya hacía años que no la veía nadie. Los prados llenos de flores de la princesa se convirtieron enseguida en hierba seca. Desde que Julia no estaba, todo en el castillo era oscuro y triste. La criada de la reina, que se llamaba Ana, había criado a la pequeña Julia desde que era un bebé, y buscó por todo el castillo, pero no encontró a Julia, la del pelo castaño, por ninguna parte. Solo la bruja sabía dónde había escondido a su hija.
Es que Zelda había convertido a su hija en una paloma y la había escondido en lo alto de una torre, para que nadie la encontrara nunca. Los súbditos de la reina y la gente de la aldea esperaban que su princesa volviera algún día y pusiera fin al mal gobierno de su madre. Pasaban los años, uno tras otro, y nuestra princesa Julia seguía encerrada en lo alto de la torre. Esperaba que algún día alguien la salvara y que ella recuperara su poder y volviera a ser una bella princesa como antes.
Más allá de montes y valles, en un castillo cercano, vivía un joven príncipe llamado Cristián. Era valiente y fuerte, y todos lo admiraban. Una mañana, al príncipe le llegó una carta que decía que en un reino cercano vivía una princesa hechizada llamada Julia y que precisamente él podía salvarla. Al principio el príncipe no se lo creyó, pero cuando su padre, el rey, le contó que era el castillo de la bruja Zelda, se dio cuenta de que podía ser verdad. El príncipe Cristián decidió salvar a la joven princesa. Montó en su caballo y cruzó el valle en busca de la princesa.
¿Y salvó el príncipe Cristián a la joven princesa Julia? ¿Volvió la princesa a convertirse de paloma en muchacha? Eso, queridos niños, lo sabremos en el próximo cuento.
Cuentos cortos Cuentos de brujas Cuentos de magia Cuentos de princesas Cuentos de príncipes Cuentos para niñas Cuentos para primaria Cuentos sobre niños




¿Qué te pareció el cuento?