
Cuentos para dormir
El disfraz que no daba miedo
Aquel día en la escuela infantil no era como los demás: ¡los niños tenían fiesta de Halloween! Las profes habían decorado las clases con telarañas, arañas de mentira y calabazas talladas que habían preparado con los niños el día anterior.
Se abrió la puerta y en la clase de las Mariquitas entró una riada de fantasmitas. Los niños llevaban disfraces de todo tipo. Las niñas iban de brujas, y los niños, de esqueletos o de monstruos verdes. Solo el pequeño Adrián estaba triste.
Y es que el disfraz de Adrián no daba ni pizca de miedo. Cuando la profe les pidió que trajeran disfraz, a él se le olvidó decirle a mamá que tenía que ser de miedo. Adrián iba vestido de policía. Al entrar en clase y ver las máscaras terroríficas de sus compañeros, se dio cuenta de que era el único con el disfraz «equivocado».
Empezó la fiesta de Halloween. Las profes, disfrazadas de brujas, pusieron canciones de miedo y prepararon la merienda. Adrián, en cambio, se quedó sentadito en su silla, mirando con pena los disfraces tan chulos de sus amigos.
Los niños bailaban y se hacían fotos con las calabazas que habían hecho, poniendo caras espantosas. Solo Adrián seguía en su sillita, con cara larga.
—¿Por qué estás triste? —le preguntó su amiga Clarita. Todos se lo estaban pasando en grande, menos él. «Clarita lleva un disfraz buenísimo. Va de calabaza de miedo», pensó el niño con pena. ¿Cómo había podido estropearlo así?
—Es que no tengo disfraz de miedo —contestó bajito. La niña se puso a pensar cómo podía ayudar a su amigo. De repente se le ocurrió una idea. Fue con la profe al baño, sacaron un rollo de papel higiénico, le envolvieron a Adrián los brazos, las piernas y un poco la cabeza y… ¡no os lo vais a creer!
Ya no era un policía cualquiera: ¡era un policía momia! Todos los niños se volvieron a mirar qué pasaba. Y luego se partieron de risa. ¡Su disfraz era genial! Adrián también se echó a reír. ¡Tenía un disfraz que no tenía nadie más! Y la tristeza se le pasó de golpe.
Es verdad que el niño no había entendido del todo lo que pidió la profe, pero no importaba. Su mejor amiga y su estupenda profe no se quedaron de brazos cruzados, porque querían que él también disfrutara de aquel día de miedo.
Y así Adrián recuperó la sonrisa, con el disfraz más original de toda la fiesta. Porque decidme, ¿habíais oído hablar alguna vez de un policía que fuera una momia?
¿Y vosotros, niños? ¿De qué os vais a disfrazar este año en Halloween?
Cuentos cortos Cuentos para la guardería Cuentos para preescolar Cuentos sobre niños




¿Qué te pareció el cuento?