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El lobito Miki – cuento para dormir

Cuentos para dormir

El lobito Miki

Muy lejos, en las montañas altas, allí donde ya solo había nieve y nada de gente, vivía una manada de lobos. Vivían en una cueva. La cueva los protegía del viento y del frío que había por todas partes. En las montañas no lo tenían fácil, pero para ellos era mejor que vivir cerca de las personas.

Como buena manada, lo hacían todo juntos. Estaban contentos y se apoyaban unos a otros. Lo único que les preocupaba era la familia de osos que vivía al otro lado de la montaña. Los lobos y los osos no se tenían cariño. Nadie sabe por qué ni cuándo empezó, pero así era.

Un día, a los lobos les nació un cachorrito. El pequeño Miki. Era precioso, torpecillo y curiosísimo. Siempre andaba saltando y cayéndose por algún sitio. Miki quería probarlo todo, conocerlo todo y, a ser posible, ya mismo. Casi siempre lo vigilaba mamá loba, pero a veces conseguía escaparse y quería explorarlo todo él solito. En su mundo había tantísimas cosas que le interesaban… Le encantaba jugar en la nieve. Metía el hocico lo más hondo que podía, luego lanzaba la nieve por encima de su cabeza y saltaba en ella.

Un día que jugaba fuera, notó un olor muy curioso. Levantó el hociquito todo lo que pudo e intentó averiguar de dónde venía. Lo fue siguiendo sin parar. Ni se dio cuenta de lo mucho que se estaba alejando de su cueva. Pero aquel olor tan raro lo atraía tanto que siguió su rastro. Al poco rato llegó a una cosa extraña que olía así.

Era naranja, se movía como si bailara y daba calor. Era fuego, pero Miki no lo conocía. Y donde hay fuego, también tiene que haber personas. De repente, alguien le echó una red por encima. Miki no veía nada y no podía moverse. Solo oía unas voces extrañas: —¡Menuda presa! ¡Qué suerte! Por este nos van a dar mucho dinero. —Eran unos cazadores furtivos malos, que cazaban animales para venderlos después. El pequeño Miki no conseguía salir de la red. Lo intentaba, pero se le acababan las fuerzas, cuando de pronto lo asustó un rugido enorme. A través de la red veía mal, pero aquel sonido lo reconoció. Era un oso. Estaba de pie sobre las patas de atrás, agitaba las patas de delante y rugía como una auténtica fiera.

Los cazadores salieron por pies. Huyeron lo más rápido que pudieron. El oso se puso a cuatro patas y se acercó a la red. Miró a Miki y le dijo: —No tengas miedo, pequeñín. Te voy a ayudar y te llevaré a casa. —Se subió al lobito a la espalda y lo llevó hasta la cueva, con su manada.

Mamá loba ya estaba muy preocupada por él. Cuando vio que un oso se acercaba a su cueva llevando a su hijo a la espalda, no se lo podía creer.

Desde entonces, los lobos y los osos se llevan bien. Se olvidaron de todo su rencor y unieron sus fuerzas contra los cazadores furtivos. Así les enseñaron a todos los demás que es mejor perdonarse y hacer las paces que estar enfadado con alguien. Porque juntos se es más fuerte.

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