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El hada Paulina y el sombrero perdido – cuento infantil

Cuentos para dormir

El hada Paulina y el sombrero perdido

Alexia U.25 de septiembre de 20264 min de lecturapara preescolar

El hada Paulina era un hada muy buena que llevaba a los niños sueños bonitos. Vivía en una casita en un claro encantado, con su ayudante, un ratoncito chiquitín. Cada noche paseaba por ciudades y pueblos y, desde su sombrero, echaba sueños preciosos en las habitaciones de los niños. Pero un día a Paulina le pasó una desgracia terrible: se le perdió el sombrero.

—Ratoncito —lo llamaba mientras lo revolvía todo en la casita—, ¿no has visto mi sombrero por ahí?

Pero el ratoncito solo negaba con la cabecita.

—¿Qué voy a hacer sin mi sombrero? —se lamentaba Paulina—. ¿Es que los niños ya no van a tener nunca más sueños bonitos?

En ese momento, el ratoncito le trajo una cosita. Era una estrellita oscura. Paulina supo enseguida lo que había pasado.

—¡Ha sido el malvado brujo Argon! ¡Seguro que me ha robado el sombrero! —exclamó—. Quiere que los niños solo tengan pesadillas. ¡Y ahora que tiene mi sombrero, nada se lo impide!

Paulina se fue enseguida al tenebroso castillo de Argon para hablar muy seriamente con el brujo. Cuando llegó, llamó a la puerta. Pero Argon no tenía ninguna intención de abrirle.

—¿Qué quieres? —le preguntó de malos modos—. ¿Qué buscas aquí?

—He encontrado en mi casita una estrellita de tu capa —contestó Paulina—. Y justo ahora ha desaparecido mi sombrero. ¿No sabrás tú algo de eso, por casualidad?

—A lo mejor sí, a lo mejor no —se reía el brujo—. Eso no es asunto tuyo.

Mientras tanto, el ratoncito vio una ventana abierta y, debajo, un barril. Trepó por él con sus uñitas afiladas, se encaramó y en un momento ya estaba dentro. Miró a su alrededor, olisqueó con el hocico y siguió adelante. De pronto vio un gato enorme al que se le iluminaron los ojos al verlo. Y ya se le echaba encima.

—¡Piiiiii! —chilló asustado, y salió corriendo. Corrió hacia la chimenea, pero el gato saltó detrás de él. Se escondió detrás de un sillón, y el gato ya intentaba meterse por debajo. Saltó a la mesa, pero el gato, que era muy gordo, no consiguió subir. Eso sí, se le vino encima un candelabro enorme.

—¡Miaaaau! —maulló, y salió de la habitación pitando. Y entonces el ratoncito vio que de un armario entreabierto asomaba… ¡el sombrero de Paulina! Y como era un ratoncito mágico, tenía también una fuerza mágica. Agarró el sombrero y corrió hacia la ventana. Trepó al alféizar, de allí saltó al barril y, ¡hala!, se fue lo más lejos posible de aquel castillo tenebroso.

Cuando Paulina volvió muy triste a su casita, la esperaba una sorpresa preciosa.

—¡Ratoncito! —exclamó de alegría—. ¡Pero si es mi sombrero! ¿Cómo has conseguido recuperarlo?

El ratoncito era mágico, pero no sabía hablar. Solo le sonrió a Paulina. Y por la noche salió con ella de ronda por ciudades y pueblos.

Y así fue como un ratoncito pequeño salvó los sueños de los niños. Quién sabe, a lo mejor esta noche el hada Paulina te visita también a ti y te trae un sueño bonito. Así que no te olvides de dejarle un trocito de queso al ratoncito, para darle las gracias por rescatar el sombrero. Porque le gusta el queso exactamente igual que a cualquier otro ratón.

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