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La rana y la zorra – cuento infantil

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La rana y la zorra

En un pueblo vivía una rana. Vivía en un pozo, hondo y frío, pero ella creía que era su castillo. Allí la rana saltaba y chapoteaba y, por la noche, croaba muy fuerte. Estaba sola, sí, pero era completamente feliz. No entendía por qué los demás animalitos no querían vivir también en un pozo. Por eso la rana se reía a menudo de ellos y presumía de que nadie tenía una casa mejor que la suya. Pues los demás animalitos tampoco la entendían a ella. ¿Quién de ellos iba a querer vivir solo en un pozo frío y oscuro?

Una vez, la rana se estaba riendo así de la zorra. Y la zorra decidió enseñarle a la rana cómo era el mundo fuera del pozo. Que viera lo bonito que era también en otros sitios. Porque había muchísimos lugares que merecía la pena ver, aparte de un pozo viejo.

—¡Hola, ranita! —llamó la zorra hacia el pozo—. Dicen que tienes el mejor castillo del mundo y que eres la rana más feliz del mundo.

—¡Pues claro! —contestó la rana, hinchándose de orgullo—. ¿Vienes a verlo? Ya verás que no hay nada como mi pozo.

—Sí, la verdad es que es un pozo bonito. Pero deberías venir a ver el bosque donde vivo yo. Hay árboles verdes, flores de colores y un montón de animales que viven allí juntos y felices. Seguro que te encantaría —la tentaba la zorra.

Pero la rana se asustó. Nunca había asomado la nariz fuera del pozo; no conocía otra cosa.

—¿Y si me pierdo? ¿O si me pasa algo? —decía la rana, con miedo.

—No tengas miedo. Yo te protegeré y estaré contigo todo el rato —le prometió la zorra.

Y así, la rana se dejó convencer por la zorra y se fue con ella al bosque. Allí la rana se quedó maravillada. Vio unos árboles preciosos, el sol que se colaba entre las ramas, las hojas, los pájaros y los demás animales que vivían allí. La zorra le enseñó también un arroyo y muchas flores distintas. La rana no podía decir ni pío. Tanto la había impresionado lo bonita que era la vida en el bosque. Y todavía se sorprendió más cuando oyó las risas de los animalitos, que jugaban allí juntos tan contentos.

La rana veía ahora lo felices que eran de verdad los animalitos. ¡Y pensar que hasta entonces creía que la felicidad era tener su pozo! De repente se dio cuenta de que la amistad, las aventuras y el cariño valían mucho más que un pozo oscuro y frío.

Cuando la rana y la zorra volvieron al pozo, la rana le dio las gracias.

—Gracias, zorra, por abrirme los ojos y enseñarme el mundo. Ahora veo que es mucho más grande que mi pozo. Hay tantas cosas bonitas… Todo lo que he vivido hoy ha sido maravilloso.

La zorra se alegró de que la rana hubiera aprendido la lección y de que le hubiera gustado la excursión.

La rana volvió a su pozo, pero ya no era la misma de antes. Ya no se reía de nadie ni presumía tanto de su pozo. Ahora iba a menudo al bosque con los animalitos, a jugar con ellos y a vivir nuevas aventuras. El pozo seguía siendo su casa, pero ahora ya sabía que no era todo el mundo. Ahora la rana era feliz de verdad, y ya no necesitaba presumir de su felicidad delante de nadie. Todavía hoy, junto al pozo, recibe a los demás animalitos y les cuenta su historia. Quiere que también los demás encuentren su felicidad.

2 de agosto de 2026

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