Saltar al contenido
Cómo cambió la vida del perrito alegre – cuento para dormir

Cuentos para dormir

Cómo cambió la vida del perrito alegre

En un pueblo vivía un perrito. Estaba atado con una cadenita junto a su caseta, pero aun así siempre estaba alegre y le encantaba jugar con los niños del barrio. Desde su sitio llegaba hasta un árbol grande, a cuya sombra descansaba durante el día.

Era un perrito pequeño. Le gustaba ladrar y le encantaba comer carne, pero lo que más quería en el mundo eran los niños, y poder hacerlos felices. Justo por sus sonrisas había aprendido a obedecer: daba la patita cuando los niños le decían «¡dame la patita!», ladraba cuando se lo pedían y corría con ganas detrás de los palos o de las pelotas… bueno, solo hasta donde le dejaba la cadena.

Pero el perrito tenía un secreto: escondía lo que de verdad sentía en su corazoncito de perro. Durante el día era pura energía y alegría, pero cuando por la tarde y por la noche se quedaba solo, lloraba y gemía bajito de lo triste que estaba. Quería estar más cerca de la gente y vivir con ellos en la casa, pero sus dueños no querían. Su hogar era la caseta del patio, y eso, de momento, no iba a cambiar.

El perrito intentaba morder la cadena para quedar libre, pero sus dientecitos, aunque afilados, no podían con ella. Así que seguía vigilando en su sitio. Los días de primavera se fueron convirtiendo poco a poco en días de verano, los niños pasaban más tiempo con él y el perrito estaba un poquito más contento.

Pero alguien sí se dio cuenta de cómo se sentía. Un niño rubio, que quería mucho al perrito aunque no fuera suyo, lo oyó llorar una vez. Le dio mucha pena, así que fue a ver al señor en cuyo patio vivía el perrito y le pidió que le diera más libertad.

—Se lo pido por favor, déjelo correr durante el día y por la noche métalo en casa. ¡Este perrito quiere estar siempre con la gente!

El señor no se lo creía. Pero el niño lo convenció de que escuchara una noche, a ver si el perrito lloraba. Y si lloraba, que se lo llevara a casa.

Al final el señor aceptó, porque lo conmovieron las lágrimas en los ojos del niño, y se puso a escuchar. Y se llevó una sorpresa cuando, al caer la noche, se oyeron los gemidos del perrito. Le dio mucha pena. Fue a la caseta, soltó al perrito y se lo llevó a casa.

El perrito no se podía creer su suerte. Enseguida se puso a olisquear todos los olores de la casa. Movía el rabito de alegría, y luego saltó encima del señor y le lamió la cara para demostrarle lo feliz que era.

Así convenció al señor de que lo mejor para él era poder jugar con los niños durante el día y estar en casa por la noche con las personas a las que quería.

Desde entonces, el perrito ya no tuvo que esconder nada. De día jugaba libre por el patio con el niño y con los demás niños, y por la noche se tumbaba en el recibidor y sentía que sus dueños estaban muy cerquita. Y no necesitaba nada más para seguir siendo un perrito alegre.

Valora el cuento

Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos de perros Cuentos para preescolar Cuentos sobre niños Fábulas

Comentarios

¿Qué te pareció el cuento?

No publicaremos tu correo. Leemos los comentarios antes de publicarlos.

¿Y ahora qué?

mismo tema y duración de lectura parecida

Cuento sorpresa

Niños, seguro que os acordáis del pequeño perrito Alegrito, que vivía en la calle y nunca había tenido a nadie. Su única casa era…

4 minpara primaria

¿Sabéis qué es un reyezuelo? No es un rey pequeñito de cuento, sino un pajarito. Un pajarito normal y corriente, tan pequeño y discreto…

4 minpara preescolar

Martita tenía solo cinco años y vivía con su mamá y su papá en un pueblecito muy pequeño. Allí casi todas las casitas eran…

2 min