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El topito y el chicle – cuento infantil

Cuentos para dormir

El topito y el chicle

Margarita O.14 de agosto de 20264 min de lecturapara preescolar

Era un precioso día de verano, lleno de sol, cuando el topo salía escarbando de su escondite bajo tierra. En cuanto asomó la cabeza y vio la luz del día, se frotó los ojos y miró a su alrededor. ¡No se lo podía creer! ¿Dónde había ido a parar esta vez? Aquí una botella de agua, allí un tubo de pasta de dientes y un montón de basura más. —Esto parece un vertedero —dijo el topo muy triste.

Le dio mucha pena. Todo el mundo sabe que la basura no se tira así como así por el prado o por el bosque. Los plásticos van al contenedor amarillo, el papel al azul, y así con todo.

El topito decidió recoger todo aquel desorden. Pero había demasiado, así que llamó a sus amigos para que lo ayudaran: la ratoncita, la liebre, las ranitas y otros más.

—¿Y esto qué será? —preguntó el topito al ver un trocito de algo de comer envuelto en papel. No se lo pensó y probó aquella cosa rosa tan misteriosa. La masticó unas cuantas veces y esperó a ver qué pasaba. Era una especie de goma que no había manera de deshacer, por mucho que mascara. Pero sabía a fresas del bosque.

Se sacó aquella cosa de la boca, y entonces sí que se metió en un buen lío. Por más que lo intentaba, la goma no se le despegaba, y tenía los dedos pegados unos a otros.

—¡Tengo una idea! —gritó la ratoncita—. Prueba a pegar esa cosa al árbol; a lo mejor se queda allí y tú quedas libre —le dijo sonriendo.

El topito se acercó al árbol y se apoyó en él con la patita que tenía aquella cosa tan rara y pegajosa. Luego empezó a alejarse, con la esperanza de librarse de ella. Pero se equivocaba. Ya había dado unos cuantos pasos y seguía con las patitas pegadas al árbol. Y mientras andaba, aquella cosa pegajosa se estiraba y se estiraba, cuando de pronto el topito pisó una piel de plátano y resbaló. En ese momento, aquella cosa pegajosa lo lanzó por los aires, ¡hasta las nubes! El topito voló y voló, y ¿sabéis dónde lo llevó el viento? Justo a la rama donde vivía la sabia lechuza.

—¡Lechuza, lechuza! —gritó el topo—. ¿Qué es esto? Se me pega todo el rato y no hay forma de quitármelo —dijo el topo mirándose las patitas. —¡Pero si es un chicle! —se rio la lechuza.

Al topito se le ocurrió que podía pegarse a la rama, allí arriba junto a la lechuza, y saltar abajo. A lo mejor así el chicle por fin lo soltaba. Pero cuando saltó del árbol, el chicle seguía agarrado a él con uñas y dientes. Entonces la ratoncita lo agarró de la pata y tiró de él. Y de repente, «¡pum!», los dos acabaron en el suelo. El chicle se quedó pegado en el árbol. Aunque al principio no parecía nada fácil, el topito le ganó la batalla al chicle. Y al menos la próxima vez ya sabrá que no hay que probar cosas que no conoces.

Y así el topito y los demás animalitos pudieron volver al trabajo que habían empezado. Recogieron toda aquella basura y se sintieron muy orgullosos de sí mismos.

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