
Cuentos para dormir
El topito pintor
El sol sonreía en el cielo y miraba lo que pasaba allá abajo, en la tierra. Las flores se abrían y la hierba estaba muy verde. Y en medio del jardín de alguien, de pronto, empezó a crecer un montoncito de tierra, que se hacía cada vez más grande. Pero al final dejó de crecer, y un poquito más allá empezó a formarse otro montoncito. Cuando ya era bastante alto, asomó un hocico rosa y luego dos patas anchas con uñitas. ¿Sabéis quién era? ¡Pues el topito!
El topo no entendía qué le había impedido salir por el primer montoncito, pero pronto lo descubrió. Había intentado escarbar hacia arriba justo donde había en el suelo un bote grande de lata. Un momento. No había un solo bote. Cuando el topo miró a su alrededor, vio varios botes, y cada uno de un color distinto. Rojo, amarillo, verde, marrón y muchísimos colores más: el jardín estaba lleno de pinturas.
El topo estaba mirando las pinturas, pero no se dio cuenta de que la zorra lo estaba observando. De pronto, ¡zas!, saltó sobre él, pero el topo no se dejó atrapar. Se escondió debajo de una brocha gigante. Cuando creyó que el peligro había pasado, salió con cuidado. Pero ¿qué es esto? La zorra seguía allí al acecho. Echó a correr otra vez. Pero antes de mirar bien por dónde iba, se cayó en un cubo de pintura roja. Y mientras intentaba salir de él, la zorra se llevó un susto tremendo. —¡Un fantasmaaa! —gritaba, y salió corriendo a toda velocidad.
El topo se reía tanto de la zorra que se tenía que sujetar la barriga. La ratoncita lo había visto todo desde detrás de un montoncito y, cuando la zorra se fue, corrió hacia el topo. En cuanto el topo la vio, agarró la brocha y la mojó en pintura naranja. Y pintó a la ratoncita de la cabeza a los pies.
De pronto, la ratoncita y el topito se pusieron alerta. Habían oído piar a unos pajaritos pequeños. ¡La zorra mala los estaba atacando! La ratoncita se subió a la cabeza del topo y los dos le gritaron con unas voces espantosas. En cuanto la zorra los vio, salió huyendo.
Los pajaritos fueron contando por todas partes que el topo sabía pintar dibujos en el cuerpo, y todos fueron enseguida a verlo. A uno el topo le pintó lunares, a otro rayas y a otro, por ejemplo, ondas.
Luego todos fueron a buscar a la zorra mala. Cuando los vio, corrió a esconderse, porque tenía mucho miedo. Se metió dentro de un árbol. Los demás animalitos decidieron que por la noche pintarían todos los árboles, las plantas y hasta las setas. Cuando a la mañana siguiente la zorra se asomó, no daba crédito. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? Se volvió a meter dentro y se puso a llorar.
Como la zorra tardaba mucho en salir de su escondite, el conejo escarbó por debajo hasta llegar dentro y la volvió a asustar. La zorra salió disparada de su escondite, pero fuera la esperaban más animalitos pintados, ¡más fantasmas! La zorra corrió y corrió, hasta llegar más allá de siete montañas y siete ríos. Y ninguno de los animalitos volvió a verla nunca más. ¿Y qué pasó con los animalitos pintados y con el paisaje? En cuanto empezó a llover, todos los animalitos y el paisaje volvieron a ser como antes, porque la lluvia se llevó todas las pinturas.
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