Saltar al contenido
La tortuga Isabel y sus huevitos – cuento infantil

Cuentos para dormir

La tortuga Isabel y sus huevitos

Era un día precioso y soleado, y la tortuga Isabel acababa de poner sus huevitos. Vivía en una playa de arena fina, y como hacía muchísimo calor, decidió esconderlos a la sombra. Encontró un rinconcito acogedor debajo de una palmera y allí los cuidaba con mucho cariño: les cantaba y los acariciaba para que salieran pronto y fueran las tortuguitas más monas y más buenas del mundo. Pero de pronto a Isabel le entró hambre. No había nadie por allí que pudiera cuidarle los huevos, así que los tapó con unas cuantas hojas de palmera. «Aquí estarán a salvo», pensó, y se fue al mar a pescar algún pececito para merendar.

Cuando ya tenía la tripa bien llena, la tortuga Isabel volvió a su palmera para seguir cuidando sus huevos. Pero, ¡ay!, los huevos ya no estaban. Se los había llevado el cocodrilo Bernardo, que siempre tenía hambre. La había estado espiando a escondidas desde los arbustos y, en cuanto ella dejó los huevos solos, ¡zas!, se los zampó todos de una sentada. Al cocodrilo Bernardo le encantaban los huevos de tortuga, eran dulces y riquísimos, y cada vez los preparaba de una manera distinta. Unas veces los hacía fritos, otras en tortilla y otras revueltos. ¡Era un manjar y se quedaba con la barriga bien contenta! Pero la tortuga Isabel estaba muy triste.

Al día siguiente, la tortuga Isabel les contó a sus amigas tortugas, Tina, Julia y Maya, lo que le había pasado.

—¡Ese cocodrilo Bernardo es un granuja! Ni siquiera lo vi. Solo me fui un ratito al mar a pescar unos pececitos para merendar, y me quitó todos los huevos. ¡Seguro que se los zampó de una sentada! ¡Y eso que los había escondido con cuidado bajo las hojas de palmera! —se quejó la tortuga Isabel.

—A mí también me robó una vez todos los huevos —dijo Julia—. Los escondo donde los escondo, siempre se las arregla para birlármelos.

—Tenemos que pensar algo, esto no puede seguir así —decidió al final la tortuga Maya. Y eso hicieron.

Las amigas tortugas se pusieron a pensar juntas y al final dieron con un plan muy claro.

—Enterraremos los huevos en la arena —se le ocurrió a Tina—. Así no los verá ni los olerá. Y aunque supiera dónde están, la arena estará tan caliente por el sol que se quemará las patas.

—¡Qué idea tan buena! —se alegraron las demás. Dicho y hecho. Y la idea funcionó de verdad. Al cocodrilo Bernardo se le acabaron las meriendas. No pudo con el truco de las tortugas y, con la mirada gacha, se fue muy triste a buscarse otra merienda. Las amigas abrieron juntas una guardería de tortugas, porque de los huevos salieron un montón de tortuguitas. Y desde entonces, todas las tortugas marinas del mundo esconden sus huevos bien hondo en la arena, para protegerlos de cualquier peligro.

30 de septiembre de 2026

Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos para preescolar

Comentarios

¿Qué te pareció el cuento?

No publicaremos tu correo. Leemos los comentarios antes de publicarlos.

¿Y ahora qué?

mismo tema y duración de lectura parecida

Cuento sorpresa

En la salvaje África vivía un leoncito. Bueno, en realidad ya no era pequeño: era un león adulto, y su padre esperaba que le…

3 minpara preescolar

En medio de un bosque muy espeso había un estanque pequeñito. A su lado se alzaba una roca cubierta de helechos tupidos. Y detrás…

3 minpara preescolar

Había una vez un bosque, aunque no era un bosque cualquiera: era mágico. En él vivían los animalitos junto con un hada buena. El…

3 minpara preescolar