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El concurso de los perros – cuento infantil

Cuentos para dormir

El concurso de los perros

En un pueblo había una granja que cuidaban seis perros. Y cada año esos perros organizaban un concurso de saltar obstáculos, de correr y de otras habilidades perrunas. El concurso siempre lo ganaba Destrozón, un rottweiler enorme. Su amigo más pequeño, el beagle Billy, soñaba con ganarlo él también algún día. ¿Y si fuera justo ahora? Pero ¿estaría bien entrenado?, pensó. Mañana era el concurso de los perros. ¿Y si salía un rato más al jardín a entrenar?

Billy salió al jardín sin hacer ruido, para no despertar a nadie. El rottweiler Destrozón entrenaba casi todos los días, porque le encantaba hacer ejercicio. Y, claro, le encantaba ganar el concurso de los perros. Pero esta vez sería distinto, se prometía Billy. Sin embargo, cuando llegó al jardín, Destrozón ya estaba allí.

—¡Hola, Billy! ¿Tú también vienes a entrenar un poco más? —le preguntó Destrozón.

—Hola, Destrozón. Sí, quería entrenar un poco más. De todas formas, estoy tan nervioso por el concurso de mañana que no puedo dormir tranquilo —confesó Billy.

—¡Genial! Pues entrenamos juntos.

A Billy aquello no le hizo ninguna gracia. Él quería aprender algún truco que Destrozón no supiera. Pero bueno, qué se le iba a hacer.

—Vale —aceptó Billy al final.

—Estupendo. Vamos a practicar la carrera rápida. Si viene un ladrón, tenemos que saber alcanzarlo, ¿no? —dijo Destrozón muy serio—. ¿Quién llega primero al cerezo grande?

Los dos perros salieron disparados como un rayo. Billy movía sus patitas cortas tan deprisa que casi se le enredaban, pero llegó el primero al cerezo. A Destrozón aquello le fastidió un poco, así que dijo: —¿Y si probamos a ver si también nadas así de rápido?

—¡Claro! Detrás del jardín hay un estanque. Vamos allí —aceptó Billy.

Los dos perros compitieron a ver quién cruzaba el estanque nadando más deprisa. Esta vez ganó Destrozón. Billy se enfadó mucho y por eso propuso otra competición, esta vez a ver quién tiraba más fuerte. Encontraron una bota de agua vieja y empezaron a tirar de ella cada uno por un lado. Cuando la bota se rompió y quedaron empatados, se fueron inventando más y más competiciones.

Llegó la mañana. El gallo cantó. Todos los perros se levantaron y salieron hacia el prado junto al estanque, para que pudiera empezar el concurso. Pero faltaban dos perros. Eran Billy y Destrozón, porque se habían pasado toda la noche entrenando. Y como estaban tan cansados, no oyeron cantar al gallo.

Billy fue el primero en despertarse.

—¡Despierta, Destrozón! El sol ya está muy alto. ¿No nos habremos dormido?

—Sí, nos hemos dormido. Y mucho. Ese gallo ni ha cantado. Seguro que el concurso ya ha empezado —aulló Destrozón.

Los dos perros salieron a toda prisa hacia el sitio del concurso. Ya iban a salir por la puertecita del jardín cuando Billy se dio cuenta de que junto a la puerta grande había alguien.

—Espera, Destrozón. Hay alguien en la puerta. Y no es nuestro dueño.

—¡Por todos los rabos de perro! Será un ladrón. Justo ahora, con el concurso.

Los dos perros corrieron a la puerta a vigilar el jardín y la casa de su dueño. Cumplir con su deber era más importante que ganar un concurso de perros.

Billy y Destrozón llegaron a la puerta en un momento, porque correr deprisa se les daba muy bien a los dos. Billy le hizo la zancadilla al ladrón y Destrozón le enseñó los dientes. Luego Billy se puso a ladrar muy fuerte y así llamó a su dueño. El dueño llamó a la policía, y la policía se llevó al ladrón. El dueño felicitó a sus perros, les dio golosinas y volvió a su trabajo.

—Pues somos unos campeones —dijo Billy—. Pero nos hemos perdido el concurso.

—Bueno, quizá el año que viene. A lo mejor hasta gana uno de los dos.

—Pues claro, ganaré yo —dijo Billy.

—¡Grrr, no, yo! —le gruñó Destrozón.

Pero en ese momento llegaron corriendo los demás perros guardianes, que volvían del concurso.

—Dejad ya de competir todo el rato —dijo el viejo Canelo—. Desde la colina hemos visto cómo cumplíais vuestra tarea más importante. Habéis protegido la casa de las personas. Así habéis ganado el concurso más importante de todos.

Y así Destrozón y Billy se quedaron contentos, porque cada uno había ganado. Compartieron con los demás amigos perrunos las golosinas que les habían dado. Y luego se tumbaron todos juntos a la sombra de un árbol a vigilar el jardín. ¿Y si venía otro ladrón?

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