
Cuentos para dormir
El conejo salvaje Hociquín y el secreto de las zanahorias gigantes
Junto a un claro del bosque vivía una familia de conejos salvajes, y en ella, el conejito Hociquín. Un día se alejó saltando más que nunca, y la verdad es que le salió bien. Pasado el bosque y dos campos, se encontró con un campo nuevo, que nunca había visitado, lleno de zanahorias gigantes. Tantas zanahorias grandes juntas no las había visto en su vida.
Luego pensó que tenía que contárselo a sus amigos. Pero enseguida se dio cuenta de que, cuantos más conejitos vinieran, antes se acabaría aquella cosecha. Y quizá por primera vez en su vida, el conejito Hociquín decidió decir una pequeña mentira. El campo de zanahorias sería solo para él. Sería su secreto.
Desde ese momento, cada día se inventaba una excusa para explicar por qué no estaba con los demás conejitos, adónde desaparecía y de dónde volvía. Los conejitos notaban de vez en cuando que se portaba de forma rara. Por ejemplo, le preguntaban: —Hociquín, ¿por qué tienes los bigotes más naranjas que nosotros? —Pero Hociquín siempre se escabullía: —Es por el sol, que hoy pegaba más fuerte. —Y así día tras día. Hociquín desaparecía sin que nadie lo viera, se llenaba la barriguita en el campo de zanahorias gigantes y luego volvía disimulando. Pero una vez su expedición secreta casi le sale muy cara.
Fue cuando lo vio en el campo un águila que andaba buscando la cena. Cuando los conejitos están juntos, siempre hay alguno vigilando que avisa a tiempo a los demás. Pero esta vez no había nadie en el campo que avisara a Hociquín del águila. Por eso Hociquín la vio en el último momento, y parecía que iba a acabar siendo la cena del águila. Por los pelos consiguió esconderse en la madriguera de un viejo tejón. En ese momento se dio cuenta del peligro en el que lo había metido su secreto. Y también le dio un poquito de vergüenza haber querido comerse todas aquellas zanahorias él solo. Tantas zanahorias no le cabrían en la barriguita a un conejito ni en toda su vida. Así que esperó a que no hubiera peligro y, muy asustado, volvió saltando con su familia. En casa lo contó todo y prometió que nunca más volvería a ser tan egoísta.
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