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El primer día de Saltarín en la escuelita – cuento para niños

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El primer día de Saltarín en la escuelita

Detrás de una gran colina había una casa preciosa. Pero no era una casa cualquiera. Era azul como el cielo y tenía pintados un montón de soles. El tejado era de un rojo muy vivo. Estaba en medio de un prado en flor. Alrededor de la casa crecían por todas partes flores de colores que olían de maravilla. Pero ¿qué casa era aquella?

Era la escuelita de las crías del bosque. Había una clase de cervatillos y ardillitas. Allí tenían también su clase las crías de tejón y las de los conejitos saltarines. A todas las crías les encantaba ir. Allí jugaban, aprendían cosas nuevas y tenían amigos. Las maestras eran lechuzas, los animales más sabios del bosque.

Un día llegó el momento en que el pequeño conejo Saltarín también tenía que empezar a ir a la escuelita. Ya era bastante mayor para aprender y para conocer a los otros conejitos de la clase. Pero tenía muchísimo miedo.

—Mamá, yo no quiero ir a la escuelita. Lo aprenderé todo en casa, te lo prometo. Quiero quedarme aquí contigo —repetía cada día el pequeño Saltarín. Pero su mamá coneja era muy sabia. Quería muchísimo a Saltarín. Y aunque le habría encantado quedárselo en casa, sabía que era bueno que empezara a ir a la escuelita, que así se haría más mayor y aprendería un montón de cosas nuevas. Así que se puso a pensar cómo ayudar a su conejito para que no tuviera miedo. Y entonces se le ocurrió una idea.

Por la mañana, mientras preparaba a Saltarín para ir a la escuelita, mamá coneja le tenía guardada una sorpresa. Se arrodilló para quedar a su altura y le dijo: —Saltarín, hoy es tu gran día. Sé que tienes miedo y que no te apetece ir a la escuelita. Y no me enfado contigo por eso. Te entiendo. Es algo nuevo y vas a estar sin mí por primera vez. Tengo una cosa para ti, para que puedas con todo. Una pulsera antillorona.

—¿Cómo? ¿Y eso qué es? —preguntó Saltarín, mirando con curiosidad la pulsera que mamá le estaba atando en la patita. —Es una pulsera que siempre te recordará que pienso en ti y que sé que puedes con todo. Mira qué letras lleva escritas: TQM. Quiere decir «te quiero mucho». Cuando estés triste, miras la pulsera de tu patita y te pondrás más contento. Sabrás que pienso en ti y que estoy muy orgullosa de lo bien que lo haces todo. Y ya no tendrás ganas de llorar. Ya lo verás —le explicó su mamá.

Aquello le dio valor al conejito. Cuando llegó a la escuelita, las señoritas lechuzas lo recibieron con mucho cariño. Conoció a los otros conejitos y le encantó jugar con todos. Y si de repente le entraba un ratito de pena porque mamá no estaba, miraba la pulsera y enseguida se sentía mejor. Sabía que mamá pensaba en él y que volvería a buscarlo.

Al final, a Saltarín le empezó a gustar la escuelita y tenía ganas de ir. Le enseñaba a mamá las manualidades que había hecho y presumía de que en educación física era el que saltaba más lejos. También estaba feliz de haber hecho un montón de amigos nuevos. ¿Y mamá? Estaba todavía más orgullosa de él.

7 de septiembre de 2026

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