
Cuentos para dormir
El jardín mágico
Érase una vez una niña pequeña a la que llamaban Lisa. Lisa ya no tenía padres y vivía con su tío, que se pasaba la vida viajando por el mundo. Lisa tenía juguetes, libros, niñeras y criadas, pero aun así se sentía muy triste.
Se pasaba los días dando vueltas por la casa enorme, arriba y abajo, y estaba triste. Cuando hacía bueno, salía y paseaba por los grandes jardines llenos de flores y árboles. Un día se perdió por los jardines y llegó hasta una puertecita vieja. Intentó abrirla, pero no pudo. La puertecita estaba cerrada con llave. Pero Lisa no se rindió.
Trepó a un árbol, saltó la valla y, ¡zas!, se dejó caer en el jardín que había detrás de la puertecita. Lisa cayó sobre el suelo duro, se dio un golpe en la rodilla y se manchó la faldita, pero cuando se levantó y alzó la vista, pensó que estaba soñando. Y si no le hubiera dolido tanto la rodilla, se habría creído que era solo un sueño. Porque estaba en un lugar maravilloso. A su alrededor había un gran jardín lleno de animales.
¡Y qué animales! No le tenían ningún miedo y, además, sabían hablar. Y eso no era todo. En el suelo crecían flores de mil colores, como no había visto nunca en su vida. Y los frutos de los árboles y de los arbustos también eran distintos de los que comía cada día. Los animalitos corrieron hacia Lisa y empezaron a darle la bienvenida.
Había corzos, liebres, zorros, pero también un oso grande, que al principio le dio miedo, y una loba que le pareció hasta un poco aterradora. Pero resultó que los animalitos eran simpáticos y cariñosos, y con ellos el tiempo pasaba volando. Lisa iba a verlos casi todos los días, durante casi tres años.
Y un día ya no le apetecía ir al jardín: tenía amigas de verdad en el colegio al que iba. Y cuando, una vez, se acordó del jardín mágico y quiso ir, ya no encontró el camino. Lisa se hizo mayor y todavía hoy, aunque ya es viejecita y tiene el pelo blanco, se pregunta si aquel jardín fue de verdad o si se lo inventó. Pero sigue creyendo que volverá allí una vez más y que charlará, aunque sea una última vez, con sus amigos, los animales que hablaban.
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