
Cuentos para dormir
El perro Rex salva a los pollitos
Aquella noche sopló en la granja un viento terrible. Por la mañana, Rex, el perro de la granja, fue a ver a todos los animalitos para comprobar si el viento les había estropeado sus casitas. Primero fue a ver a los cerditos.
—Hola, cerditos, menudo viento ha hecho esta noche. ¿No os ha estropeado la pocilga? —preguntó Rex.
—Oinc, oinc, oinc, qué va. La tenemos bien fuerte. Pero con el ruido que ha hecho el viento no hemos pegado ojo.
Rex siguió y llegó donde las vaquitas.
—Hola, vaquitas, ¿no os ha estropeado el viento el establo esta noche?
—Muuu, muuu, muuu, qué va. Lo tenemos bien fuerte. Pero la granjera se ha retrasado con el desayuno y ya tenemos hambre —dijeron las vaquitas.
—Tranquilas, vaquitas manchadas —las calmó Rex—. La granjera ya viene de camino. Antes ha tenido que recoger las cestas que el viento le había desperdigado por el patio.
Rex siguió y llegó al gallinero.
—Hola, gallinitas, ¿qué tal vuestro gallinero? ¿Ha aguantado el vendaval de esta noche?
—Co, co, co, Rex, qué bien que vienes —exclamó la gallina clueca, y llegó corriendo desde el corral—. Llevo toda la mañana corriendo de un lado a otro y no encuentro a mis pollitos. El viento los asustó tanto que se escaparon a algún sitio. Ojalá no les haya pasado nada.
—Tranquila, clueca, yo los encontraré —dijo Rex. Bajó el hocico al suelo y empezó a olfatear.
En cuanto olió el rastro de los pollitos, lo siguió. La gallina iba detrás de él dando saltitos, impaciente, cacareando sin parar y llamando a sus hijitos.
El rastro llevó a Rex hasta la cuadra.
—Hola, caballos, ¿habéis visto por aquí a los pollitos? —preguntó Rex—. Seguro que han pasado por aquí.
—¡Pues claro! —relinchó un caballo—. Están aquí con nosotros. Esta noche, con tanto viento, se perdieron y llegaron desde el corral hasta aquí.
De la cuadra salió corriendo un montón de pollitos, derechitos hacia la gallina.
—¡Hijitos míos, qué alegría haberos encontrado! —cacareaba feliz la gallina, y abrazó a cada pollito—. Gracias, Rex, por ayudarme a encontrarlos.
—No es nada, clueca. Para eso estoy aquí —sonreía Rex.
—¿Vienes con nosotros al corral? —preguntó la gallina.
—No, todavía tengo que ver a los demás animalitos de la granja. ¿Y si alguien más necesita mi ayuda? —dijo Rex, y se fue corriendo al prado a ver cómo estaban las ovejitas.
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