
Cuentos para dormir
El tejón gruñón
En el bosque vivía un tejón gruñón. Llevaba un abrigo gris y blanco, pisaba fuerte, resoplaba y estaba convencido de que todo el bosque era suyo.
—Mmm… —refunfuñaba sin parar—. Otra vez estas setas metiéndose debajo de mis patas, estas flores que huelen demasiado y este sol que hoy pica muchísimo. —Y así, daba una patada a cada seta que encontraba cerca, les arrancaba la cabecita a todas las flores, y menos mal que al sol no llegaba.
Pero un día los habitantes del bosque decidieron que había que hacer algo. La zorra convocó el consejo del bosque.
—Como bien sabéis, el tejón nos tiene el bosque patas arriba —dijo la zorra—. ¡Tengo una propuesta para recuperarlo!
Entre los reunidos se oyó un murmullo de aprobación.
—Propongo que le preparemos una trampa. Sabemos que todos los días, cuando el sol está más alto, va a la fuente a por agua. ¿Y si cambiamos cada seta que encuentre por una piedra, ponemos ortigas en vez de flores junto al camino y un enjambre de abejitas lo acompaña todo el rato?
Otra vez se oyeron ruidos de aprobación, y esta vez, también risitas.
—Por favor —siguió la zorra—, levantad la mano o el ala, inclinad el sombrerito o avisad como podáis si estáis de acuerdo.
No hizo falta contar. Estaban de acuerdo casi todos.
Y así, al día siguiente, los animales del bosque, con la zorra a la cabeza, le prepararon al tejón la trampa.
Cuando el sol estuvo en lo más alto, el tejón salió a rastras de su madriguera. Gruñía de mal humor y quería desahogarse con la primera seta que encontrara.
Aaaaah, ¡patada! —¡Ay, cómo duele, cómo duele! —gritó el tejón. Pensó que había visto mal, que había confundido una seta con una piedra, y siguió su camino.
—Otra vez estas flores tontas metiéndose entre mis patas —dijo, y arrancó una de un tirón.
—¡Ay, cómo pica, cómo pica! —volvió a gritar el tejón, y pensó que hoy no era su día.
Los demás animalitos se lo estaban pasando en grande: las ramas se doblaban bajo las ardillas muertas de risa y los pajaritos cantaron la melodía más alegre que conocían.
Hasta la fuente lo acompañó el enjambre de abejas, y él llegó corriendo y sin aliento. Allí lo estaba esperando la zorra.
—¿Lo ves, tejón? Te lo has buscado tú solito por ser tan bruto. Todo el bosque se ha puesto de acuerdo contra ti. La próxima vez piénsatelo bien antes de hacerle daño a nadie.
El tejón miró a la zorra sin poder creérselo, luego se dio la vuelta y volvió a su madriguera. Y lo cierto es que nunca más volvió a hacer daño en el bosque.
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