
Cuentos para dormir
La abejita Sofi
Había una vez una colmena en la que vivía, entre muchas otras, la abejita Sofi. Un día, las abejas decidieron que Sofi iría a la guarde para hacer amigos nuevos. Sofi estaba muy ilusionada, porque hasta entonces solo conocía la colmena y sus alrededores. Cuando llegó volando a la guarde por la mañana, le dieron la bienvenida el maestro, el señor Tejón, y otros animalitos: el conejito Fede, la zorrita Amalia y el osito Gruñi.
Los animalitos salían de paseo y descubrían el bosque, pero cuando Sofi quería jugar con los demás, empezaban a reírse de ella. —Eres muy pequeña. Si jugamos al pilla pilla, te voy a aplastar —se reía la zorra Amalia. —Y si jugamos a la pelota, ni siquiera podrás levantarla —añadió el osito Gruñi. —Eres demasiado pequeña y débil, no le importas a nadie —dijo el conejo Fede, y se fue corriendo a jugar con los demás. Sofi se puso triste. «Si por lo menos no fuera tan normalita…», pensó, y se fue volando a esconderse en un arbusto cercano.
A la mañana siguiente, cuando Sofi tenía que ir a la guarde, se echó a llorar desconsolada. —¿Qué te pasa, Sofi? ¿Por qué lloras? —le preguntaron las abejas. —No quiero ir a la guarde. Todos se burlan de mí porque soy muy pequeña y débil, y no quieren jugar conmigo —sollozaba Sofi—. Soy demasiado normalita.
—Pero eres muy importante para los demás —le dijo la abeja más anciana.
—¿Importante? —se extrañó Sofi. —Pues claro, igual que nosotras —le aseguró la abeja—. ¿Ves esos manzanos de ahí fuera? Volamos entre ellos, recogemos su polen y lo llevamos de flor en flor, para que crezcan más manzanos y den manzanas bien ricas. Sin nuestra polinización, muchísimas plantas no crecerían y los animales no tendrían qué comer. Por eso somos tan importantes —le explicó la abeja, y le secó las lágrimas a Sofi.
Cuando Sofi llegó volando a la guarde, los demás animalitos ni la miraron. Sofi pensaba cómo podría demostrarles que no era tan normalita como creían. Cuando el maestro Tejón los llamó para merendar, todos se pusieron a comer. El conejo se zampaba una zanahoria, la zorra unos arándanos y el oso se había traído miel.
—Amigos, ¿sabíais que hoy no tendríais una merienda tan rica si las abejas no existiéramos? —preguntó Sofi. —Que no, que no puede ser. Vosotras hacéis miel, pero yo no os necesito para nada —contestó el conejo Fede. —Pues sí que las necesitas —le dio la razón a Sofi el maestro—. Las abejas se encargan de polinizar las plantas para que puedan crecer otras nuevas. Y esas plantas dan, por ejemplo, manzanas, zanahorias o nueces. Por eso tenemos que cuidarlas, o pasaríamos hambre —añadió, y le dio un mordisco a una manzana jugosa.
Y así, al final, los animalitos reconocieron que una abejita pequeña puede ser tan interesante como un conejo rápido, un oso fuerte o una zorra lista. Desde entonces, nunca más dejaron sola a Sofi y se hicieron muy buenos amigos suyos.
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