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La bella hechicera Helga y el pajarito encantado – cuento para niños

Cuentos para dormir

La bella hechicera Helga y el pajarito encantado

Niños, seguro que os acordáis de la bella hechicera Helga, que vivía sola en el bosque con su gata negra Felicia. Había huido del pueblo, donde todos la acusaban de haber hechizado a Erik, el muchacho al que más quería, que había desaparecido de un día para otro. La gente del pueblo pensaba que nadie podía ser tan guapo como Helga sin que hubiera algún hechizo malo de por medio.

Helga había huido al espeso bosque que había junto al pueblo, y allí, en su casita, preparaba pociones de hierbas para curar a los animalitos heridos. Porque no solo era guapa, también era muy buena. Y un día encontró un pajarito herido y le curó el alita. Entonces el pajarito le contó su historia, y así supo que alguien lo había hechizado.

Mientras el pajarito le contaba su historia, Helga, la de los ojos azules, se quedó pensando. Quería ayudarlo. Se levantó de un salto y empezó a dar vueltas por su casita, cuando de repente su gata Felicia se sentó encima del libro de magia que había sobre la mesa.

—¡Anda! Gracias, Felicia, por ayudarme —dijo Helga, y se puso a hojear su libro de magia mientras pensaba cómo podría ayudar al pajarito. Pero en el libro no había ningún hechizo que sirviera, y ninguna hierba podía romper el encantamiento. Helga se sentó muy triste en el sillón y miró al pajarito. —Si al menos supiera cómo ayudarte… —dijo con pena. Y entonces se le escapó una lagrimita traviesa, que le rodó por la mejilla y cayó sobre el pajarito, que estaba en su regazo.

En ese momento pasó algo inesperado. Se levantó una gran nube de humo y, de repente, delante de Helga ya no había un pajarito, sino un muchacho joven: ¡su Erik! —Erik, ¿de verdad eres tú? —dijo la bella Helga con una vocecita muy dulce, y se lanzó a sus brazos. —¡Tu lágrima me ha salvado! Ahora veo que eras tú. ¡Me has vuelto a salvar, mi querida, mi bella Helga! —dijo Erik. Era precisamente para Helga para quien el muchacho había querido conseguir aquel diamante brillante, pero por culpa de la bruja malvada no lo había logrado. Por fin felices y juntos, Helga y Erik se fueron de la mano al pueblo, y Felicia iba dando saltitos delante de ellos muy contenta. ¡En el pueblo nadie daba crédito a lo que veía! ¡El joven y valiente Erik había vuelto!

En el pueblo se celebró una gran boda. Su amor verdadero les abrió los ojos a los vecinos, que se dieron cuenta de lo injustos que habían sido con la muchacha. Le pidieron perdón a la bella Helga y ella los perdonó. Todos se alegraron y lo celebraron con ellos, porque el amor verdadero no solo había roto el hechizo: también había abierto el corazón de quienes de verdad lo necesitaban.

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