
Cuentos para dormir
La princesa que se fue a la guerra
En un reino vivía una princesa preciosa a la que le encantaba montar a caballo, practicar esgrima y tirar con arco. Su mamá, la reina, se enfadaba con ella, porque quería que su hija se portara como una princesa de verdad: que bordara y tocara el laúd. Pero a la princesa eso la aburría. Prefería ir de caza al bosque con su papá, el rey, y con su hermano, el príncipe.
Cuando el rey vecino declaró la guerra al reino, el rey y el príncipe empezaron a prepararse para la batalla. La princesa también trajo su armadura y su espada y quería ir con ellos, pero su papá, el rey, se lo prohibió.
—¡No puedes venir con nosotros, hija mía! ¡La guerra no es cosa de princesas!
Pero la princesa era muy cabezota, así que se disfrazó de escudero y se presentó ante uno de los caballeros. Él la aceptó como escudero y se la llevó a la guerra. Lo que no sabía era que la princesa llevaba su arco escondido en el morral. Cuando llegaron, se lanzaron a la batalla. La princesa esperó a que el caballero se alejara, sacó el arco y empezó a disparar contra el enemigo. Disparaba tan bien que el general enemigo se fijó en ella y mandó a su arquero a que acabara con la princesa. El arquero se escabulló entre los soldados y disparó. Justo entonces sopló el viento, y la flecha del arquero se desvió un poco: en lugar de clavarse en el corazón de la princesa, se le clavó en el hombro. La princesa gritó y cayó al suelo.
El caballero oyó el grito y, cuando vio lo que había pasado, corrió a ayudarla. La subió a su caballo y volvió con ella al campamento. Cuando cortó con el cuchillo la manga de la princesa para curarle la herida, vio una cadenita de oro que llevaba al cuello y que, como él bien sabía, solo llevaban los miembros de la familia real. Entonces reconoció a la princesa. Le quitó la gorra, bajo la que escondía su pelo dorado, y vio lo guapa que era. Le curó la herida del hombro y la llevó al castillo. Cuando el rey se enteró de lo que había pasado, regañó a la princesa, pero se alegró muchísimo de que la hubieran salvado. El caballero se casó con ella y, durante el resto de su vida, fueron juntos de caza y tiraron con arco, hasta el final de sus días.
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