Saltar al contenido
La ranita golosa – cuento para dormir

Cuentos para dormir

La ranita golosa

Adela V.12 de agosto de 20265 min de lecturapara preescolar

Había una vez un bosque precioso donde vivían animalitos de todas clases. Había escarabajitos, pajaritos preciosos, tejones golosos y también ciervos grandes con unas cornamentas majestuosas. Todos los animalitos del bosque eran amigos y nadie le hacía daño a nadie. Todos se portaban bien unos con otros, y cuando alguien necesitaba ayuda, podía pedírsela a cualquiera.

Y así fue también el día en que el tritón Manchitas necesitó ayuda con su tienda. Manchitas tenía una tiendecita en el bosque y necesitaba que alguien se la cuidara mientras iba a buscar mercancía. Así que le pidió ayuda a la ranita Saltarina. —Saltarina, ¿podrías cuidarme la tienda, por favor? Tengo que ir a buscar mercancía para tener algo que vender, y no quiero cerrar. ¿Me harías ese favor? —¡Claro! —contestó la ranita—. ¡Sin problema! —Y Manchitas se marchó.

Saltarina se sentó cómodamente en la mecedora que Manchitas tenía junto a la caja y se puso a vigilar. Pero al cabo de un rato empezó a aburrirse y ya no sabía qué hacer para entretenerse, cuando de pronto vio un cuenco grande lleno de galletas riquísimas. —¡Hala, qué pinta tienen! Seguro que también saben buenísimas. Manchitas ni se dará cuenta de que falta una galleta. Solo voy a probar una —se dijo la ranita.

Y dicho y hecho. Se levantó de la mecedora y fue derechita al cuenco de galletas. —Ñam, ñam. ¡Qué buenas están! Saben todavía mejor de lo que pensaba. Manchitas seguro que no se da cuenta si me como otra. —Y Saltarina tomó otra galleta. Pero la cosa no terminó ahí. Siguió comiendo y comiendo hasta que el cuenco se quedó completamente vacío. —¡Ay, ay, ay, yo no quería! Pero estaban tan ricas que se me olvidó por completo que no podía comérmelas. Manchitas se va a enfadar muchísimo.

Cuando el tritón Manchitas volvió a la tienda y abrió la puerta, vio que el cuenco de galletas estaba vacío y que la ranita iba de un lado a otro, muy nerviosa. —¿Qué pasa, Saltarina? ¿Ha ocurrido algo? ¿Te has comido tú todas las galletas? —le preguntó el tritón. —Hola, Manchitas. ¡Pues no, no me las he comido! Vino una zorra desconocida y se las comió todas, ¡y antes de que pudiera hacer nada ya se había ido! —mintió la ranita. —¿Y tú estás bien, Saltarina? No te preocupes, encontraremos a esa zorra y la echaremos del bosque. ¡Tiene que aprender que robar está mal! Lo importante es que no te ha pasado nada —dijo Manchitas, y enseguida convocó una reunión con todos los animalitos del bosque.

En la reunión, los animalitos, muy asustados, discutían qué iban a hacer con aquella zorra. —¡Tenemos que encontrarla y echarla del bosque! ¡Aquí todos somos amigos, y quien no lo respete no tiene sitio entre nosotros! —dijeron todos a una. —Saltarina, ¿cómo era la zorra? —le preguntó el tritón. Pero a Saltarina le remordía la conciencia. Al fin y al cabo, había sido ella quien se había comido todas las galletas, y no ninguna zorra desconocida. Se sentía culpable. Nadie debería pagar por algo que no había hecho.

—Veréis, tengo que confesaros una cosa —empezó a decir la ranita en voz bajita a los animalitos—. Ninguna zorra se comió las galletas. Fui yo. Estaba cuidándole la tienda a Manchitas y me aburría. Entonces vi el cuenco de galletas y pensé que solo probaría una. Creí que Manchitas no notaría que faltaba una galleta. Pero estaban tan ricas que me despisté y al final me las comí todas. Me daba miedo decir la verdad, porque pensaba que Manchitas se enfadaría, y por eso me inventé la historia de la zorra desconocida. Lo siento mucho, amigos. ¿Me perdonáis, por favor?

Los animalitos se quedaron callados, sin decir ni una palabra, hasta que Manchitas volvió a hablar. —Ay, ranita, ranita. Si no hacía falta que mintieras. Esas galletas son para mis clientes, y tengo el almacén lleno. Yo mismo te las habría ofrecido al volver, por lo bien que me habías cuidado la tienda.

Saltarina sintió un alivio enorme, porque de repente tenía la conciencia tranquila. Comprendió que la verdad siempre acaba saliendo a la luz y que, cuando uno es sincero y honrado, vive mucho más feliz.

Valora el cuento

Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos de ranas Cuentos para preescolar

Comentarios

¿Qué te pareció el cuento?

No publicaremos tu correo. Leemos los comentarios antes de publicarlos.

¿Y ahora qué?

mismo tema y duración de lectura parecida

Cuento sorpresa

Muy lejos, detrás del bosque, completamente sola, hay una casita de madera pintada. Tiene unas cortinitas de colores preciosas en las ventanas, el tejado…

5 minpara preescolar

En un prado precioso había una granja. Y en aquella granja tan grande vivían el granjero y sus animalitos. Allí podías encontrarte caballitos pequeños,…

5 minpara preescolar