
Cuentos para dormir
Ladrín se ha perdido
Había una vez un perrito marrón llamado Ladrín, que vivía con una familia muy buena. Era un perrito pequeño, pero tenía valor para dar y regalar. Cada día le ponían el cuenco lleno de pienso y agüita fresca, y siempre estaba deseando ir de paseo al parque de al lado. Allí jugaba feliz con otros perros o perseguía a las ardillas traviesas.
Cada vez que su mejor amigo, el niño Martín, volvía a casa del cole en autobús, Ladrín ya lo estaba esperando fiel junto a la puerta del jardín, listo para la siguiente aventura. A lo que más les gustaba jugar a Martín y a su perrito era a los superhéroes. Siempre salvaban a alguien de mentirijillas de unos ladrones malísimos, o volaban como el valiente Superman.
Un día, cuando Martín volvía del cole, su fiel perrito Ladrín no estaba en la puerta. ¿Qué pasa, qué pasa? ¿Dónde estaba su fiel amigo? Martín no entendía nada. Tiró la mochila al suelo y entró corriendo en casa. Pero ni mamá ni papá encontraban a Ladrín por ninguna parte. En casa no estaba. Lo llamaban con todas sus fuerzas, pero su fiel perrito no venía. Ni siquiera estaba debajo de la manta, que era su escondite favorito.
—¡Voy a mirar en el garaje! —dijo el niño, al ver que en casa no lo encontraban. En el garaje se encontró con una arañita que estaba escondida en un rincón.
—Hola, ¿has visto a Ladrín? —le preguntó el niño a la araña, que en ese momento estaba tejiendo su telaraña. La araña se quedó pensando.
—Pues por aquí no lo he visto. Hoy solo lo he visto en el patio, ¡y luego salió corriendo detrás de algo! —recordó por fin la arañita. Martín le dio las gracias por la pista y se fue al jardín.
—¡Ladrín! ¿Dónde estás? ¡Ladrín! —gritaba triste, corriendo por el jardín. No estaba en su caseta ni detrás de la casa. Mmm, ¿dónde estaría? Aquello no era propio de Ladrín, que siempre lo esperaba fiel junto a la puerta para jugar juntos. —¡Ay, no! ¿Y si le ha pasado algo? ¡La arañita dijo que había salido corriendo! —pensaba Martín en voz alta. Seguro que solo se había escondido en algún sitio. Miró hacia arriba, a un árbol donde había una ardillita pelirroja. ¿Y si Ladrín había salido corriendo detrás de ella? ¡Tenía que preguntarle!
—Hola, ¿has visto a mi perrito Ladrín? —le preguntó Martín con curiosidad. Pero la ardilla solo negó con la cabeza, sin entender nada: no había visto a ningún perrito. Martín no se rindió y siguió buscando. Mientras tanto, sus papás recorrían la calle buscando también a Ladrín. El niño dio la vuelta al jardín y, junto a un arbusto de frambuesas, se encontró con otro animalito que a lo mejor había visto a Ladrín. En el arbusto, sobre una hojita, había una abejita.
—Hola, señora abeja, ¿has visto a mi perrito Ladrín? —preguntó Martín. La abejita se acercó volando al niño y zumbó: —Mmm, pues sí, ¡salió corriendo! —le dijo por fin, y sacudió las alitas.
—Eso me dijo también la señora araña, pero ¿sabes adónde fue? —le preguntó Martín.
—¡Salió corriendo a la calle, porque oyó gritar a una niña pequeña! —recordó por fin la señora abeja, y se fue volando. Martín le dio las gracias de corazón y salió a la calle. ¿Habría ido su valiente perrito a salvarle la vida a alguien? Al fin y al cabo, siempre jugaban a los superhéroes. Así que salió y lo buscó por los alrededores. Sabía que su perrito aparecería, porque era muy valiente. Y cómo termina este cuento lo sabremos en la próxima parte.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos para preescolar Cuentos sobre niños




¿Qué te pareció el cuento?