
Cuentos para dormir
Las aventuras del escarabajito Nico: el valor
Queridos niños, ¿os acordáis del escarabajito Nico? Era un escarabajo pequeñito, muy curioso, que soñaba con vivir aventuras. Tenía un plan: trepar hasta lo más alto de un girasol.
Nico le iba contando su plan al hormiguito Andrés mientras, poco a poco, llegaban hasta el pie de un girasol precioso y altísimo.
—¿Y si te ayudo yo? —le preguntó el hormiguito Andrés. Y la hormiga, con todas las fuerzas que tenía, empujó a Nico hacia arriba por el girasol. Y subieron más y más.
Con la ayuda de Andrés, el escarabajito llegó hasta la mitad del girasol. Pero justo entonces empezó a soplar una brisa suave. Nico se agarraba fuerte al tallo verde del girasol, todo lo fuerte que podía, pero el vientecillo lo mandó abajo, a una hoja blandita que había debajo. —Ya no tengo fuerzas para ayudarte otra vez —le dijo triste el hormiguito, mirando cómo Nico se sujetaba al girasol, que se balanceaba. —¡No te rindas! —le seguía animando la hormiga desde abajo.
—¡Ay, no! —exclamó Nico asustado, cuando con el viento todo el girasol se meció de un lado a otro.
En ese momento llegó volando su nueva amiga Ela, que también le dio ánimos: —Nico, no te rindas, si ya casi has llegado —le dijo con una sonrisa, revoloteando a su alrededor.
Nico respiró hondo y volvió a subir. No hizo caso al viento. Sus amigos lo animaban y ahora se sentía más fuerte y más decidido. Paso a paso subía por el girasol, agarrándose con todas sus fuerzas. Hasta que, por fin, llegó a lo más alto del precioso girasol amarillo. De repente, Nico vio todo el jardín, como si lo tuviera en la palma de la mano. Era todavía más bonito de lo que se había imaginado. Las flores se mecían suavemente con la brisa, las hojas brillaban a la luz del sol, ¡y hasta vio un estanque reluciente al otro lado del jardín que ni sabía que existía! Y ahora lo veía todo, y cuando bajara, podría ir hasta allí a explorarlo.
—¡Lo has conseguido, Nico! —gritaba Ela, revoloteando a su alrededor de alegría. El hormiguito también aplaudía desde abajo y no se podía creer lo que había logrado su amigo.
Nico se sentía de maravilla. —Gracias por vuestra ayuda, Ela y Andrés. Puede que sea pequeño, ¡pero puedo hacer cosas grandes! Aunque sin vosotros seguro que no lo habría conseguido —dijo el escarabajito, muy contento.
Cuando Nico bajó, se sentía agradecido por lo que había logrado. Y así, cada día siguió explorando el jardín, descubriendo nuevas aventuras, y en sus viajes hizo también un montón de amigos nuevos. A veces no estaba seguro o tenía miedo, pero entonces se acordaba del día en que subió al girasol, y sabía que podía conseguir cualquier cosa.
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