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Cómo salvaron el bosque mágico – cuento infantil

Cuentos para dormir

Cómo salvaron el bosque mágico

Dominika J.28 de julio de 20265 min de lecturapara preescolar

Más allá de los montes y los valles, donde el agua se echaba a puñados y la arena se servía en jarra, se escondía un bosque mágico. En ese bosque os encontraríais con hechizos nunca vistos y animales mágicos. Todos se ayudaban unos a otros, y en el bosque reinaban la calma y la alegría. Pero las personas no sabían que aquel bosque existía. Y así tenía que seguir.

En el bosque mágico no solo vivían animales mágicos, sino también seres mágicos como hadas, brujas y duendes. Y todos vivían juntos en armonía. Los animalitos jugaban contentos y vivían muy a gusto, y los duendecillos alegres llevaban la suerte a todos los seres del bosque. La repartían con sus tréboles mágicos de cuatro hojas, que soplaban por todas partes. Quien encontraba un trébol verde de cuatro hojas tenía muchísima suerte.

Las hadas mágicas eran seres preciosos. Volaban de aquí para allá con sus alas brillantes y cuidaban de que el bosque floreciera y de que ningún animalito ni ser mágico pasara hambre. Las brujas, en cambio, curaban a quien lo necesitaba con sus pociones mágicas. Una lechuza blanca muy lista, llamada Sabina, vigilaba todo el bosque para que sus hechizos y su magia estuvieran a salvo. Era sabia de verdad y siempre tenía un buen consejo para cada uno.

En el bosque todos se querían mucho. Solo el hada Bosquecilla estaba triste aquel día. Volando sobre el bosque había visto algo que la hizo llorar. Ni siquiera un trébol de cuatro hojas le levantaba el ánimo. —¿Qué ha pasado? —le preguntó un duende a Bosquecilla. Ella estaba sentada en una brizna de hierba, muy triste, y suspiraba. —Alguien ha cortado nuestros árboles. ¡Y quiere construir aquí… tiendas! —dijo con pena, señalando el borde del bosque.

—¡Oh, no! ¿Quién? ¿¡Quién ha talado los árboles!? —gritó el duende, muy enfadado.

Pero no había sido un quién, sino unas máquinas grandes y ruidosas, manejadas por las criaturas que más miedo daban a los seres mágicos y a los animales. Eran personas. ¡Las personas habían venido a destrozar su precioso bosque! ¡Su naturaleza!

Aquello no podía quedar así. —¡No te preocupes, salvaremos nuestros árboles y nuestro bosque! —dijo el duende muy decidido, y se fue con el hada Bosquecilla a ver a la sabia lechuza Sabina. Y se lo contaron todo.

—¿Cómo podemos salvar nuestro bosque? —preguntó Sabina a los animalitos y a los seres mágicos en la reunión de la tarde. —¡Hechicemos a las personas! —exclamó el hada Florecilla. La lechuza negó con la cabeza. —¡Pues que se beban una poción! —dijo la bruja Olga.

—No, no, con las personas no podemos usar la magia. Está prohibido. El bosque se enfadaría —dijo Sabina. —¡Pues nos los comemos! —gritó un lobo enorme, y aulló de alegría. La lechuza lo miró muy seria y le quitó la idea de la cabeza enseguida. —¡Aquí no se come a nadie! —dijo. Los animalitos y todos los demás se quedaron pensando… ¿Qué podían hacer? ¿Cómo salvarían su bosque? Y de pronto, a Bosquecilla se le ocurrió una idea.

—¡Vamos a asustarlos! ¡Los asustaremos tanto que no volverán nunca más a nuestro bosque! —exclamó con valentía.

Y así lo hicieron. Todos los animales y los seres mágicos unieron sus fuerzas y se fueron al borde del bosque. Allí los leñadores se preparaban para cortar otro árbol, mientras otro hombre tenía unos planos en la mano. Querían convertir el bosque en un centro comercial. Y de repente, los papeles con los planos salieron volando. Las personas se miraron sorprendidas. Sus máquinas empezaron a dar vueltas y más vueltas, y no había manera de pararlas. Eran los duendes alegres, que soplaban sus tréboles sobre las máquinas y las hacían girar. Mientras tanto, los lobos aullaban con fuerza, los osos se acercaban despacito y las brujas hacían ruidos que daban miedo. Las personas se asustaron tanto que saltaron de sus máquinas, recogieron sus cosas y salieron corriendo. ¡Hasta saltaron de las que giraban como un tiovivo! Y, aunque no os lo creáis… nunca volvieron al bosque mágico, y todos quedaron a salvo. ¡Y precisamente porque se mantuvieron unidos y se ayudaron, salvaron su bosque!

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