
Cuentos para dormir
El cuquito que buscaba a su mamá
Seguro que conocéis a los cucos. A lo mejor hasta cantan junto a vuestra ventana y puede que los hayáis visto volar cerquita de vosotros. Cucú, cucú, hacen sin parar, y por eso es fácil reconocerlos. Y de los cucos sabemos algo más. Aunque son unos pájaros muy bonitos, las mamás cuco ponen sus huevos en nidos ajenos y luego los dejan allí. Eso mismo le pasó a un pollito de cuco que, nada más abrir los ojos, se dio cuenta de que aquella no era su familia.
Estaba en un nido que no era el suyo, y ni la mamá ni los hermanos se le parecían en nada. El pollito de cuco había salido del huevo en la familia de una mamá petirrojo. Al principio, ella se enfadó muchísimo:
—¡Vaya con tu madre! ¡Qué perezosa es! No le apetece hacerse su propio nido y te ha dejado aquí conmigo. ¡Y yo que pensaba que eras mío! ¡Qué bien te camufló! Pero ahora ya veo, ya veo quién eres.
El pollito de cuco tenía mucho miedo. ¿Y si mamá petirrojo lo echaba del nido? ¿O sus hermanos? Por suerte, no pasó. Mamá petirrojo estaba enfadada, sí, pero daba de comer a todos los pollitos del nido por igual. Y aunque el pollito de cuco estaba a gusto, quería crecer deprisa y aprender a volar para poder buscar a su verdadera mamá. Así que comía y crecía y, poco a poco, empezó a aprender a volar.
Un día, cuando mamá petirrojo se fue del nido durante un buen rato, el pollito de cuco decidió marcharse. Sus hermanos intentaban convencerlo:
—No te vayas, no te vayas, estamos muy bien juntos. Nosotros no estamos enfadados contigo.
Pero el pollito de cuco no les hizo caso y salió volando del nido. Miraba alrededor con mucha atención, por si veía en el bosque algún pájaro que se le pareciera o por si oía un cucú. Pero nada.
Cansado de tanto volar, se posó en un árbol y sorbió por la nariz. Tenía hambre, estaba cansado y enfadado. No había encontrado a su mamá y, encima, se había perdido. ¿Cómo iba a encontrar ahora a su mamá petirrojo? Sorbía y sorbía, y a lo mejor se habría echado a llorar si no le hubiera dado un susto un pájaro muy grande. Era una lechuza. Una lechuza, de esas que dicen que son sabias.
Y esta lechuza era sabia de verdad, y le explicó al pollito de cuco lo que tenía que hacer:
—Vuelve tranquilo con mamá petirrojo. Tu mamá ya está muy lejos, más allá de montes y valles. No te enfades con ella. Los cucos son así. Lo hacen todos, no solo tu mamá. Cuando seas mayor, tú también pondrás un huevo en un nido ajeno.
El pollito de cuco protestó:
—¡Nunca, nunca lo haré!
La lechuza se rio.
—Bueno, ya veremos. Y ahora vuelve a casa. Mamá petirrojo te quiere y te criará bien. Eso es lo importante. Seguro que está preocupada y te está buscando. ¡Mira, ahí viene!
Y así era. Mamá petirrojo, muy asustada, buscaba a su pollito de cuco, y se lo llevó a casa. Y el pollito de cuco nunca más volvió a dejar a su nueva familia.
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