
Cuentos en audio
El deseo cumplido
Había una vez un pueblecito pequeño. Tenía unas cuantas casitas, muy cerca unas de otras, así que en aquel pueblo todo el mundo se conocía. Todos eran buenos vecinos y amigos, pero dos niños eran los mejores amigos de todos.
La niña era buena, pero también un poco salvaje. Siempre andaba haciendo alguna travesura y no le tenía miedo a nada. Como tenía un pelo precioso, negro como las semillitas de amapola, todos la llamaban Muñequita de Amapola, aunque casi siempre, Pola. Su mejor amigo era el chico más guapo del pueblo. Era muy majo y siempre ayudaba a Pola con todo. Llevaba gafas y parecía muy listo. Y lo era. Y como era grandote y Pola a su lado parecía pequeñita, lo llamaban el Oso, aunque casi siempre, Osi. Pola y Osi eran una pareja inseparable. Se querían mucho y se dijeron que, aunque se hicieran mayores, seguirían juntos.
Pero, como suele pasar, con el tiempo aquellos dos niños se hicieron mayores y cada uno acabó en un sitio distinto. Pola seguía pensando en Osi. No podía olvidar su sonrisa ni cómo la ayudaba con todo. Era un amigo de verdad.
Un día salió a pasear por el bosque que rodeaba el pueblo. A lo lejos, entre los árboles, oyó que alguien pedía ayuda. ¡Rápido! Sin pararse a pensar, como le pasaba a menudo, echó a correr hacia aquella voz.
Saltó por encima de los arbustos y por poco se cae en una ciénaga. Se paró justo a tiempo. En la ciénaga vio a una señora llena de barro que no podía salir. Pola no se lo pensó dos veces: partió una rama y se la tendió todo lo lejos que pudo. —¡Agárrese fuerte, que yo la saco! —Pola tiró con todas sus fuerzas y la ayudó a salir. La señora le dio las gracias una y otra vez por haberla salvado. Y entonces pasó algo increíble.
Las hojas se levantaron del suelo y la taparon entera. Cuando todas las hojitas volvieron a caer, la señora sucia y llena de barro se había convertido en un hada preciosa. Era el hada del bosque. —Mi querida Pola, muchísimas gracias por tu ayuda. Soy el hada del bosque y vivo aquí. Cuido de toda la gente que vive en el pueblo. Te conozco desde que eras una niña pequeña. Eres cariñosa y generosa. Y como me has salvado la vida sin dudarlo ni un segundo, te concederé el deseo que quieras.
Pola la miraba sin creérselo, y luego confesó: —Tengo un deseo muy grande, pero no sé si podrás cumplirlo. —Y se quedó mirando al suelo, triste. El hada sabía perfectamente qué haría feliz a Pola. Solo sonrió, la abrazó y le susurró al oído: —Sé muy bien lo que más deseas. ¡Si te conozco, mi querida Pola! —Y el hada desapareció.
Pola se quedó allí un rato, pensando. No tenía ni idea de lo que iba a pasar. De repente, oyó pasos detrás de ella. Se dio la vuelta y no podía creer lo que veía. Osi venía hacia ella, todo contento. Pola corrió hacia él y le dio el abrazo más grande del mundo. Estaba feliz. Todavía hoy Pola no sabe cómo lo hizo el hada, pero le trajo a Osi como por arte de magia. Le cumplió su deseo más grande.
Qué bonito sería conocer a un hada que nos ayudara a estar con quien más queremos. Quién sabe si se puede. Tú prueba a creer en la magia, y a lo mejor tu deseo también se cumple.
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