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El tractor que echaba humo y olía mal – cuento para dormir

Cuentos para dormir

El tractor que echaba humo y olía mal

Había una vez un tractor verde con ruedas amarillas que echaba muchísimo humo por la chimenea y olía fatal. Cada vez que pasaba por la ciudad, la gente tosía y decía: —¡Ejem, ejem, qué mal huele ese tractor!

Un día le engancharon al tractor un remolque y tenía que llevar a una vaquita de la granja al prado de las afueras del pueblo, para que pastara allí. La vaquita se subió al remolque y el tractor se puso en camino con ella. Por el camino echaba tanto humo que la vaquita empezó a toser.

—¡Ejem, ejem, tractor, qué mal hueles!

El tractor solo dijo: —Bah, eso es normal. Yo siempre echo así de humo. —Y siguió adelante.

—¡Ejem, ejem! —tosía la vaquita, y para librarse de aquel humo negro, le metió al tractor una patata en la chimenea.

—Uf, uf, uf —empezó a tartamudear el tractor con la chimenea taponada. De pronto, ¡puf! La patata salió disparada por el tubo de escape y cayó en la cuneta. Y el tractor siguió subiendo la cuesta tan contento, puf, puf. De la chimenea le salía un humo espeso y la vaquita volvió a toser.

—Tractorcito, echas muchísimo humo, ¡esto no hay quien lo respire! Escúchame: allí, detrás de esos árboles, vive el señor mecánico. Ve a verlo, él te arreglará para que no huelas tan mal. Y yo iré contigo mucho más a gusto.

—Bueno, vale —dijo el tractor.

Al poco rato el tractor ya no echaba tanto humo. El señor mecánico lo había arreglado de verdad. ¡Y qué bien iban entonces el tractor y la vaquita!

El tractor llegó hasta el prado, donde la vaquita se bajó para comer hierba fresquita.

Por la tarde, el tractor volvió a llevar a la vaquita a la granja. Esta vez, cuando pasó por la ciudad, la gente no tosió. Se volvían a mirar al tractor y decían: —¡Qué tractor tan bonito, y no huele nada mal!

Cuando el tractor y la vaquita llegaron a la granja, el sol ya se estaba poniendo.

—¿Lo ves, tractor? —le dijo la vaquita al despedirse—. Al final ha sido un paseo precioso contigo.

—Pues sí —dijo el tractor—. Ahora ya sé que tengo que cuidarme bien, para poder seguir rodando y no estropearme.

Aquella noche el tractor durmió de maravilla y tuvo sueños muy bonitos. ¿Y la vaquita? Está deseando que mañana el tractor la vuelva a llevar a pastar.

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