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Pico, el cigüeño que no quiso volar a África – cuento para dormir

Cuentos para dormir

Pico, el cigüeño que no quiso volar a África

Eva E.1 de septiembre de 20263 min de lecturapara preescolar

Cada año, cuando se acaban los días cálidos del verano y poco a poco llega el tiempo frío y desapacible, todas las cigüeñas recogen sus cosas y emprenden un largo viaje hasta África. Como en África siempre hace calor, pasan allí el invierno como si no existiera.

Pero un viaje tan largo es agotador, sobre todo cuando tienes que hacerlo con tus propias alas. Por eso, al final de un verano, mientras las demás cigüeñas se marchaban, un cigüeño joven llamado Pico decidió que no se iba a ninguna parte y que pasaría el invierno allí.

Pico ya había pasado dos inviernos en África, así que sabía lo duro que era el viaje. Y, como nunca había vivido un invierno en su tierra, no podía imaginarse lo duro que podía ser. Así que, cuando les dijo a las demás cigüeñas que no se iba con ellas, intentaron quitárselo de la cabeza, claro. Pero Pico no les hizo caso: no se creía que el invierno pudiera ser tan terrible. Así que todas las cigüeñas emprendieron el viaje y Pico se quedó, tan a gusto, en su enorme nido en lo alto de una chimenea.

Al principio le fue bien. Los días eran fríos, pero nada que no se pudiera aguantar. Pero aquello no duró mucho, y muy pronto el frío apretó de verdad. Por las noches helaba muchísimo, los días también eran gélidos y una capa de nieve lo cubría todo. Pico estaba muerto de frío. Además, descubrió que en invierno no había ranas, ni ratones, ni bichitos de esos que solía comer. Y pronto empezó a pasar hambre.

Un día, desesperado, fue hasta un arroyo cercano donde siempre había muchas ranas, con la esperanza de encontrar al menos una. Y, claro, no encontró ninguna. Pero se encontró con un tejón que había ido a beber al arroyo, y Pico le preguntó cómo aguantaba él un invierno tan crudo. El tejón le contó que, antes del invierno, siempre comía tanto que luego casi no necesitaba comer en todo el invierno. Pero que, de vez en cuando, sí tenía que salir de su madriguera a buscar algo. Le contó que justo en ese momento estaba asando en casa unos pescaditos que había conseguido pescar, pero que pescar era muy difícil para él.

Entonces al tejón se le ocurrió una idea. Le propuso a Pico enseñarle dónde había más peces, porque un cigüeño, con un pico tan largo, los pescaría sin ningún esfuerzo. Luego podrían repartirse lo que pescara y, a cambio, el tejón dejaría que Pico viviera en su madriguera calentita. A Pico le encantó la idea y, por supuesto, aceptó. Y así se ayudaron el uno al otro todo el invierno, hasta que llegó la primavera. Cuando volvió la familia de Pico, todos lo admiraron por haber aguantado el invierno. Pero Pico les dijo que la próxima vez prefería irse con ellos.

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