A Tomás le gustan los basureros y su camión de la basura desde que tiene memoria. Le gusta cómo parpadea todo el camión, y también cómo pita cuando va marcha atrás. Además, sabe hacer un montón de cosas interesantes.
Por ejemplo, un camión de la basura tiene detrás una pieza como una pala, que parece una gran cuchara; puede levantarla y recoger la basura con ella.

Y los basureros tienen que seguir el ritmo de ese camión, saltar de él justo a tiempo y volver a subir, y parece muy divertido. También le gusta que circulen a primera hora de la mañana, cuando la mayoría de la gente aún duerme, y que su camión avance despacio por la calle, con las luces parpadeando y retumbando. Siempre tiene la sensación de que con ellos llega un nuevo día.
En casa, Tomás tiene una pequeña colección de camiones de basura. Algunos son de la tienda, otros los ha construido con bloques. Puede jugar con ellos durante horas. Coloca cajitas, rollos y tapas en fila y luego los carga y los recoge como si fueran basura, haciendo sonar la bocina mientras imita los sonidos del motor y el estrépito de los cubos de basura. Mamá a veces se ríe y dice que en casa separa más cosas que toda la ciudad.
Cada miércoles por la noche, Tomás pone el despertador con mucho cuidado. Se levanta temprano, todavía un poco dormido, y enseguida corre a la ventana. En cuanto aparece el camión de la basura, empieza a saludar con la mano. Los basureros ya lo conocen. Uno siempre levanta la mano y el otro hace parpadear un momento las luces para saludar.
Una mañana de verano, Tomás está en el jardín con papá y ayuda a regar los tomates. Cuando el camión de la basura entra en la calle, esta vez los saluda con la mano desde cerca. El camión se detiene y uno de los basureros sonríe. «¿No quieres subir con nosotros por vuestra calle?», pregunta. Papá asiente, indicando que puede ir un ratito. Tomás no puede creerse su suerte y sale corriendo entusiasmado por la puerta hacia el camión de la basura.
Está sentado en la cabina y observa cómo funciona todo. Ve cómo el contenedor de basura se levanta, se vacía y vuelve a posarse suavemente en el suelo, y cómo la gente lo tiene todo enseguida recogido y limpio. Tomás observa cómo los hombres suben hábilmente al estribo y vuelven a bajar. Quizá se les da incluso mejor que a los muñequitos con los que juega Tom. Los basureros hablan entre ellos y comprueban que no haya quedado nada esparcido por algún sitio. Junto a una de las verjas los espera un perro y les mueve la cola. Un basurero salta del camión y saca un premio del bolsillo, y el otro le rasca detrás de las orejas.
Cuando terminan de pasar por su calle, lo dejan de nuevo delante de casa y saludan con la mano a papá. Tomás se queda todavía mucho rato de pie, mirando el camión que se aleja. Ya está deseando poner el despertador el martes y levantarse otra vez temprano el miércoles por la mañana para verlos. Quizá esta vez también les prepare una pequeña merienda, para que se les dé aún un poquito mejor dejar limpia su calle.
