El Mosquito y el Toro

Un pequeño mosquito volaba por el campo. Le encantaba volar sobre la superficie de los estanques, donde podía contemplar su reflejo. Este mosquito era muy presumido. Cuando pasaba cerca de una mosca que descansaba a la sombra, se arreglaba la trompa y los pocos pelos que tenía en la cabeza. 

«Tengo que estar guapo. Seguro que esa mosca me está mirando y pensando en lo atractivo que soy», pensaba el mosquito. 

Historias para dormir - El Mosquito y el Toro
El Mosquito y el Toro

Pero a la mosca no le importaba lo más mínimo el mosquito; seguía panza arriba a la sombra sobre una manzana podrida y se relamía pensando en lo bien que iba a comer. Pero el mosquito no lo sabía y continuó presumiendo. 

Sin embargo, tanto revolotear le dejó muy cansado; mantenerse siempre hermoso mientras vuelas entre el viento resulta bastante agotador. Por eso, el mosquito decidió que era momento de descansar.

«¿Dónde podría sentarme un rato?», pensaba el mosquito mientras miraba a su alrededor, hasta que vio a un toro pastando.

«Tiene unos cuernos grandes y bonitos, seguro allí se está muy cómodo», pensó el mosquito y enseguida se posó sobre uno de los cuernos del toro. «¡Qué honor para ese gran animal que yo esté sentado sobre él!»

Cuando el mosquito terminó de descansar, se levantó y pensó que también podría despedirse de aquel animal. 

—Bueno, ya he descansado, toro, me voy volando otra vez —proclamó el mosquito, revoloteando ante los ojos del toro.

—Vuela si quieres —gruñó el toro—. Me da exactamente igual. Ni siquiera sabía que estabas aquí, así que ¿por qué debería importarme que te vayas?

El mosquito frunció el ceño. ¿Así que ese torpe rumiante ni siquiera se había dado cuenta de él? El mosquito resopló y se alejó volando. De camino, de repente se dio cuenta de que quizá no era tan importante como pensaba. 

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