Hace mucho tiempo vivían tres pequeñas mariposas: una blanca como la nieve, otra de un rojo intenso y la tercera de un amarillo brillante. Volaban juntas sobre el prado en flor, danzaban entre los rayos del sol y, con alegría, volaban de flor en flor.
El juego y las risas los envolvieron tanto que ni siquiera notaron el cansancio. Pero de pronto se oyó un trueno en la distancia, las nubes oscurecieron el cielo y la lluvia los sorprendió desprevenidos. Las gotas de lluvia calaron sus alas antes de que pudieran encontrar refugio.

El camino a casa era largo y las mariposas buscaban desesperadamente dónde resguardarse de la lluvia. Primero volaron hacia un elegante lirio y le rogaron: «Lirio, amable lirio, abre tu flor, déjanos refugiarnos contigo de la lluvia». Pero el lirio respondió fríamente: «Solo acogeré a la mariposa blanca. Es tan pura como yo. Las demás se quedarán fuera».
Pero la mariposa blanca negó con la cabeza. —Gracias, Lirio, pero sin mis hermanos no me esconderé. Todos, o ninguno —dijeron—. Y así se marcharon, empapados pero siempre juntos.
Luego probaron suerte con el tulipán. —Tulipán, por favor, abre tu flor para que podamos descansar dentro —pidieron—. El tulipán respondió: —Mariposa amarilla y roja, entrad. Pero a la mariposa blanca no la dejaré entrar. Las mariposas se miraron y contestaron igual que antes: —Sin nuestro hermano no vamos. Siempre estamos juntos.
La lluvia arreciaba, las alas se volvían cada vez más pesadas, pero las maripositas no se rindieron y siguieron volando juntas, aunque empapadas y cansadas. Y fue entonces cuando el solecito las vio. Se conmovió al ver cómo se apoyaban entre ellas y decidió ayudarlas. Disipó las nubes, la lluvia cesó y sus cálidos rayos secaron las alas de las maripositas.
El prado volvió a llenarse de luz y aromas, las flores sonreían y las tres valientes maripositas pudieron alzarse de nuevo, felices, sobre el paisaje. Y cuando al atardecer el cielo empezó a vestirse de penumbra, las maripositas regresaron juntas a casa, donde las esperaba un sueño tranquilo.