El cuento de la tormenta

La tormenta es un gran espectáculo de electricidad. Aunque no vemos la electricidad a nuestro alrededor, está por todas partes. No se esconde solo en los enchufes o los cables; sus pequeñas cargas duermen dentro de todas las cosas. Este cuento va sobre esas pequeñas cargas y esos invisibles Rayos.

Era verano, el sol brillaba y los pequeños Rayos dormían. Algunos descansaban en los árboles, otros en las piedras, en las colinas, en las casas y otros dormían en las nubes. En algunos sitios había muchos Rayos y en otros, pocos.

Cuentos cortos para dormir - El cuento de la tormenta
El cuento de la tormenta

El viento comenzó a jugar al pilla-pilla con las nubes, y estas se volvieron cada vez más oscuras. Entonces empezó a formarse una tormenta, la cual despertó a los pequeños Rayitos. 

A medida que la nube se oscurecía sobre el paisaje, los pequeños Rayitos empezaron a titilar, pero había muchos dentro de la nube. Comenzaron a empujarse y a discutir, deseando hacer alguna travesura. Y entonces, bajo la nube, apareció una colina muy alta. 

¡Pum!

De la nube salió un Rayo, varios Rayitos se agarraron a él y volaron directos a la tierra. Allí los Rayitos se acomodaron y contaron a sus amigos bajo tierra cómo era estar en las nubes. 

Pero la tormenta no terminaba. El Rayito más travieso, Chispita, seguía allí, apretujado en la nube con los demás, todo enfadado. Le fastidiaba no haber conseguido agarrarse al rayo y haberse tenido que quedar allí. Pero, ¿a dónde podría ir? Entonces se dio cuenta de que otra nube flotaba hacia la suya. Y a simple vista estaba claro que allí había menos Rayitos. ¡Esa es una gran idea! ¡Me voy a mudar allí!, pensó para sí Chispita.

¡Pum!

Rayo salió disparado de la nube y brilló en la oscuridad. Voló hasta la nube de delante y así varios Rayitos pudieron saltar de nube en nube junto a él. Pero el travieso Chispita otra vez se olvidó de subirse al Rayo. Este se enfadó y empezó a empujar a los demás Rayitos aún más que antes.

La tormenta continuaba y ahora estaba en su mejor momento. Rayo tras rayo ayudaba a mudar a los pequeños Rayitos de nube en nube, a la tierra y a los árboles, así que Chispita podía elegir dónde sería su nuevo hogar. Y como era un trasto, eligió adrede un árbol alto y seco.

¡Bum! 

Chispita se agarró a la cola de Rayo y, junto a él, se deslizó hasta el árbol alto, que aún le dio tiempo a prender fuego. Pero la lluvia fuerte apagó el fuego enseguida, Chispita se calmó y, por fin, pudo dormirse tranquila. Igual que una tormenta que ya ha soltado toda su energía y las nubes se han esfumado. Por fin, había justo la cantidad perfecta de Rayitos por todas partes de nuevo. Solo quedaba la lluvia, regando las plantas sedientas y devolviendo la humedad al paisaje.

Desde la ventana de una casita, el pequeño Javi observaba la tormenta. Siempre le gustaba mirar esos destellos y truenos, aunque le daba un poquito de miedo. Pero sabía que en casa no podía pasarle nada. El Rayo siempre elige algo alto. El Rayo es una descarga eléctrica muy fuerte y las personas saben cómo protegerse de él. En sus casitas ponen pararrayos, que no atraen a los Rayos, sino que los echan fuera. Porque les dicen que ya hay demasiados Rayitos ahí, y que no deben venir más. 

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